Nombres y Apellidos Mayas

NOMBRES Y APELLIDOS MAYAS

 

Los ejidatarios de Tixkokob, poblado de Yucatán, dirigen una petición al presidente de México. Leemos con cierta emoción sus firmas; en ellas, el nombre cristiano se asocia al apellido maya.

Representan el encuentro de dos mundos, lejanos en el tiempo y el espacio. (Digo “lejanos en el tiempo”, porque el choque de los españoles del Renacimiento con los mayas equivalió a un encuentro con los sumerios o los babilonios de hace cuarenta siglos.)

Eloy Puk, Tranquilino Kú, Mauro Mex, Ambrosio Uk, Nemesio Xiú, Bernabé Zulú, Santiago Cocom, Sabas Canul, Lorenzó Itzá.

Gutierre Tibón .Onomástica Mesoamericana. 1961

“Se conservan entre nosotros…, apellidos de familias con gratísimo sabor eminentemente nacional…, palabras del todo mayas. . . “. Más de trescientos de estos nombres perduran como patronímicos entre buena parte de los seiscientos mil yucatecos y campechanos. Hay comunidades en que la totalidad de los apellidos son autóctonos, otras en que los López y Pérez y García han conquistado ya un lugar considerable.

Crescencio Carrillo y Ancona, XXXII Obispo de Yucatán.

 Sin embargo, no nos será difícil reconocer en don José Estrella al señor Ek de ayer, en don Pedro Escribano al señor Dzib, y en don Juan Caballero al señor Dzul. El Dr. Madera o ‘Che, “madera”; y en la capital mexicana se adoptó el apellido, de análogo significado, del Presidente Mártir.

La onomástica maya sobreviviente después de cuatro siglos de influencia europea  ha merecido un estudio de Carlos Hermann Berendt que se conserva, inédito, en la Universidad de Filadelfia. Otro ha sido publicado por Ralph L. Roys en 1940 Contributions to American Anthropology and History, N. 31). Es obvio hacer  hincapié en la estrecha relación entre la onomástica de un pueblo con su historia. El estudio profundizado de los nombres propios se impone aún más en el caso de un grupo humano como el maya, que alcanzó las cúspides de la alta cultura.

Será nuestro punto de partida un precioso hibridismo mayahispano: el apellido Tabasqueño.

Para el antropólogo P. L. Collignon, de la Universidad de Oaxaca, el problema del nombre Tabasco está resuelto.  El sabio inglés afirmó en 1951   que hace unos 20 000 años los egipcios cruzaron el Atlántico y llegaron a América. Hay, según Collignon, un notable parecido físico entre los vascos, que considera de origen egipcio, y muchos indios americanos.  Su teoría se halla comprobada por una palabra de origen egipcia: Tabasco, que significa, precisamente, “tierra de los vascos”.

Con su desbordante fantasía, el profesor Collignon podría hacerse rico, escribiendo historietas de fantaciencia en los tiempos actuales. La terminación co de Tabasco ha provocado muchas especulaciones sobre el posible origen náhuatl del topónimo. Los Toltecas habrían llamado a aquella región, tan rica en agua, “en tierra anegada”.

Otra versión es la que nos da en su Historia de Tabasco Manuel Gil y Sáenz: Tabasco procedería del maya tabzcoob, “nos han engañado”. Presumiblemente, las cosas pasaron así: el codicioso Hunac Ceel, soberano cocom de Mayapán, decidió en 1194 adueñarse de las riquezas de Chichén Itzá, y pidió la ayuda de los mercenarios mexicanos que a la sazón estaban de guarnición en Tabasco. Parece además, que Tabasco fue tributario de Mayapán. Derrotados los itzaes, no se hizo una justa repartición ¿Hunac Ceel no mantuvo las promesas hechas? Sea lo que fuere, los tabasqueños, amargados, decidieron separarse del Imperio maya y al proclamar su tierra independiente la llamaron Tabzcoob, para perpetuar el recuerdo del desengaño padecido.

La verosimilitud de la etimología que precede podría convalidarla otro topónimo  maya, forjado igualmente a raíz de una guerra dos siglos y medio más tarde. En 1441, Ah Xupán Xiú y otros caciques reúnen un poderoso ejército para libertar a Yucatán de la tiranía Cocom, y sitian la ciudad de Mayapán, que se rinde. La saña de los vencedores es terrible. De la orgullosa capital no queda piedra sobre piedra; y todos los miembros de la familia Cocom son muertos.

Todos, menos uno: el joven heredero al trono, que a se hallaba en misión comercial en Culúa (Ulúa, valle de la actual Honduras). A su vuelta a Yucatán, encuentra el Imperio en ruinas. Los jefes de provincia ya no reconocen su autoridad. Su causa está irremediablemente perdida. El joven Cócom se refugia en la provincia que se le ha mantenido fiel: la de Sotuta, y aquí funda una nueva ciudad, como capital de su minúsculo reino.

Antonio de Herrera nos relata en sus Décadas que Cócom (significa ;planta trepadora de flores amarillas; asi como coc, especie de tortuga terrestre) llamó a esta ciudad Tibulón (t’buloon), que significa “jugados hemos sido”.

Tabasco y Tibulón nacieron, tal vez, de una parecida desilusión.

Un río tabasqueño — el que ha sido llamado, no sin razón, el de América, porque a sus orillas se desarrolló la cultura maya – se ha vuelto apellido mexicano. En la Capital vivió Alfredo T. Usumacinta. El potamónimo es náhuatl, y significa “río de los changuitos”.

La influencia cultural toltecochichimeca se hace presente en Yucatán desde el Katún 4 Ahau (968-987), al penetrar Kukulcán, es decir, Quetzalcóatl, en el mundo maya. En el mismo periodo de veinte años aparecen, procedentes de Tulapán Chiconautlan
(Chilam Balam de Mani, I), los Tutul Xiu, dominadores de Uxmal. Tulapán es, sin duda alguna, la Tula del actual Estado de Hidalgo,  cuyas asombrosas ruinas dan pruebas del adelanto alcanzado por tulenses, o sean, los toltecas, como constructores y
artistas. Chiconautlan son los “siete almacenes”.

La influencia de los mexicanos de la meseta central en el Mayab, se manifiesta en la arquitectura, en la religión, en el idioma y deja huella considerable también en la onomástica de Yucatán. En la tercera parte del Chilam Balam de Maní se mencionan los nombres, uno híbrido myanáhuatl y los demás netamente náhuatl, los siete capitanes, mercenarios nahuas de Tabasco, que con el rey Cocom de Mayapán, Hunac Ceel Cauich (a quien ya encontramos dos veces en nuestro estudio), destruyeron Chichén Itzá en 1194. El nombre del primero, Ah Sinteut Chan, podría interpretarse como “la culebra del señor del maíz”. Sinteut deriva de cin (tli), maíz seco en mazorca, y de teu (hc) t (li), el señor o jefe de los nahuas o de Cintéotl, el dios del maíz. Chan, en varios dialectos mayas tzeltal, chontal, chol), es serpiente, como el can del maya yucateco.

El segundo capitán es Tzontecum, en que reconocemos la macabra tzontecómatl de Molina, “cabeza cortada y apartada del cuerpo”. El tercero es Taxcal, tal vez alteración de tlaxcalli, la tortilla de maíz… E1 cuarto es Pantemit, de pán (itl) te (tl) mit (l),
bandera-piedra-flecha, que podría interpretarse como “bandera de flecha de piedra”.

El quinto capitán es Xucheueuet, literalmente flor anciano La palabra huehue, “el viejo”, indica que se trata del primero de la familia que llevó ese nombre, como Moctezuma Huehue, es decir, Moctezuma Primero. Un Xuch Ueuet es mencionado también en la Chilam Balam de Chumayel (5 Ahau). El sexto capitán se llama Itzcuat, como el cuarto emperador de México, Itzcóatl, “culebra de obsidiana”. El séptimo, por fin, tiene el
nombre totémico de Cacaltécat: cacal (li) técat (1), “el de la estirpe de los cuervos”.

Entre los nombres mayas de niños (paal kaba) – no sabemos hasta qué edad los llevaban— encontramos en los documentos coloniales algunos de indudable origen náhuatl.

Ah Zulim Chan de Mayapán como el capitán Ah Sinteut Chan se relacionan con zolin y  Ah Cuat Xiu (provincia de Maní y Sotuta) evocan aquel mismo cóhuatl o cóatl, serpiente, de donde procede el común aztequismo cuate. (Ah es un elemento prenominal masculino: Ah Pech, “el que es llamado garrapata”.)

(Ah) Zulim Chan, de Mayapán, como el capitán Ah Sintuet Chan, se relaciona con zolin, codorniz (cfr. Ah Zulim Canul, personaje de la provincia occidental de Ah Canul).

El nombre del caudillo tolteca Holón Chan Tepeu (siglo x: véase la primera parte del Chilam Balam de Maní) suscita un inquietante problema. El Diccionario de Motul (siglo XVII) registra los verbos tepeual y tepual como equivalencias mayas de “reinar” y advierte: “Estos vocablos son antiguos”. En pokomchí y en cakchiquel, tepeu significa grande, poderoso. Pero también en náhuatl tepeuani tiene un valor análogo: “conquistador o vencedor de batalla”, según Molina. Se pregunta el sabio Alfredo Barrera Vázquez: ¿“Es un mayismo en náhuatl, un nahuatismo en maya, o en ambas lenguas es préstamo de una tercera lengua”?

Ninguno de los nombres mayas de origen náhuatl que preceden se ha conservado en el Yucatán contemporáneo. Hay, sin embargo, centenares de familias yucatecas que llevan aún apellidos cuya procedencia de la meseta central es indudable.

Durante el nuevo imperio, cuando los xiues, dinastía tolteca , dominan Uxmal, la influencia náhuatl en el maya se manifiesta también a través de intercambios lingüísticos. Es posible que la identidad de voces comunes como chimalli (escudo, rodela) con chimal; de tamallí con tamali (tamal); de xíhuiltl (yerba) con xiu; de macehualli (vasallo, plebeyo) con mázeual, indígena maya, y de tantas otras, demuestren que hubo contactos culturales anteriores y no menos importantes, independientemente de las analogías léxicas, debidas también al origen común, aunque muy lejano, de ambos idiomas.

Hay casos, como el de cacao y chocolate, en que no es difícil demostrar la procedencia maya de las voces aztecas. Otros, por lo contrario, como los mencionados arriba, en que una afirmación en un sentido u otro resultaría atrevida. En el caso de la familia Xiú,  es de admitir que Xiu era “yerba” entre los mayas mucho antes de la llegada de los Xiues, en el siglo x. Sin embargo, Xiú, como apellido, es considerado “casi con seguridad” (Morley) de origen náhuatl.

En el mundo azteca perduran varios topónimos formados con xíhuitl: hierba, o turquesa (con el xiuhquílitl, “yerba verde” que produce el añil, se teñía “lo azul obscuro y resplandeciente”. – Sahagun – ; año, porque la yerba se renueva cada año.

Así, Jiutepec es “en el cerro de las turquesas”; Xiuhcoac, “en (dónde está) la culebra azul”, es decir, la flecha de Huitzilopochtli; Xiuhteco “en (donde se venera a) Xiuhteuctli”, el señor del año.

En el nombre del personaje maya Xiuit, mencionado en la profecía del año Tun 1 Ix, que “morirá porque fue insolente con su madre, insolente con su padre. . . “, hallamos el xíhuitl náhuatl tal vez en su sentido primitivo de yerba (por la amenaza de los sacerdotes del culto solar, los Ah Kines: “se marchitará la yerba”). Desde la salida de los Xiues de Nonoualco (“en donde hay agua por todas partes”) hasta nuestros días —once siglos— se han alternado cuarentaiséis generaciones de Xiues: jefes toltecas, reyes mayas, hidalgos españoles (desde el bautizo de Ah Kukun Xiú, que tomó el nombre de Francisco de Montejo Xiú) y ahora humildes milperos mexicanos

El presunto heredero del trono de Maní es, en (1961), el hijo de un vecino de Ticul: don Dionisio Xiú. Se trata muchacho de diecisiete años, Gerardo Xiú, descendiente, en la cuadragésima generación, de Ah Mekat Xiú, el fundador de Uxmal.

Como Xiú, así también Chimal — ¿otro aztequismo incorporado al maya? – es apellido yucateco. (Ya lo encontramos como nombre de la familia azteca.) Es posible que Culúa, mexicano, otro apellido, corresponda al Culhúa que hemos estudiado en precedencia, y que Nahuat  no sea sino náhuatl, “lo que suena bien”; por extensión: la lengua de los que hablan claro, la lengua del país, la de los nahuas.

Cetzal (léase Quetzal) es, con toda evidencia, una forma del quetzal náhuatl y se refiere al precioso pájaro de Chiapas y Guatemala, el quetzaltótotl. Su pluma es tan hermosa que quetzalli, adjetivado, pasa a significar resplandeciente, brillante, hermoso (cfr. Tetlepanquetzal).

A Cetzal corresponde el apellido genuinamente maya de Kuk, que denomina la misma ave. Ya nos damos cuenta de por qué Kuk-ul-cán, en maya, y Guc-u-matz, en quiché son traducciones de Quetzalcóatl, “serpiente quetzal”. Entre los muchos topónimos nahuas de Guatemala, descuella el de la ciudad de Quezaltenango, en la muralla de los quetzales”.

Tepal, “gobierno, mando”, se emparienta con el nombre de Tepeu, Brinton y Roys lo consideran derivado del náhuatl.

Pan, “bandera o pendón”, es el mismo pan de Mayapán, “la bandera de los mayas”, y se considera una derivación del náhuatl pantli o pánitl, que significa lo mismo. Otro apellido, Panti, parece corrupción de pantli, como Ueuet, tambor, de huéhuetl, que ya conocimos como nombre azteca (a menos de que no sea otra vez el huéhuetl, viejo).

Cox, especie de faisán que generalmente anida en las altas montañas, se relaciona verosímilmente con el coxolitli náhuatl, el cojolite o faisán real, como lo llamaron los españoles.

Pero en la “tierra del faisán y del venado”, el poeta no alude al cox, sino al cutz, o sea, al pavo silvestre. Cutz es igualmente apellido, como Ceh (pronúnciese Keh), el Venado. En Yucatán hay una población que tiene el patético nombre de Acanceh, “lamento de venado”.

Puesto que perduran los nombres de las antiguas familias reinantes: Xiú, Cocom (una planta trepadora de flores amarillas), Cochuah (acaso “nuestro alimento”, “nuestro pan”) y Chel (azabache azul), se perpetúa a la vez el recuerdo de los dominadores de la provincia de Hocaba-Homun: los Iuit. También este nombre suena como de extracción náhuatl: íhuitl, en azteca, es una pluma menuda.

Refiere el Obispo Landa que los padres mayas llevaban el recién nacido el sacerdote “para que le viese el hado y dijese el oficio que había de tener y pusiste el nombre que había de tener el tiempo de su niñez…”.

Los mayas  poseían pues, libros de pronósticos semejantes al Tonalámatl de los nahuas. No era el padre, sino el sacerdote quien imponía el nombre, sacándolo del calendario ritual. Todos los nombres de niño eran precedidos por la partícula Ah, y los de las niñas por Ix.

Un niño, hijo de Balam, “jaguar”, y de Chi, “boca”, ha nacido el día Chuen, como correspondiente al día Ozomatli de los nahuas y el día Batz de los quichés, y será llamado Ah Chuen hasta su pubertad, cuando en nueva ceremonia (que Landa llama bautizo) se le impondrá el nombre del padre. Al casarse, su nombre se enriquecerá con el de su madre. Así, Ah Chuen se vuelve Balam, y más tarde, gracias a la partícula matronímica na, “madre”, Nachi Balam.

Hay un cuarto tipo de nombre maya: el apodo, Hunac Ceel, el vencedor de Chichén Itzá, tenía probablemente otro apodo: Ah Tapaynok, “el de la manta bordada”.

En el Popol Vuh se menciona a dos héroes, los gemelos Hun Batz y Hun Chouen, “flautistas, cantores, tiradores con cerbatana, pintores,  joyeros, plateros”, que fueron convertidos en monos. No nos extrañe, pues, encontrar a chuen traducido, en el Diccionario de Motul, como “artífice oficial de algún arte”.

El sacerdote ha predicho al niño Ah Chuen que se volverá un “artífice de la madera o del tejido, maestro de todas artes, rico durante toda su vida” y que “todas las cosas que hará saldrán muy buenas”, (Chuenil Kim, o Pronóstico de los Signos diarios, en los Chilam Balames de Káua de Maní).

Dichoso de Ah Chuen. Porque los horóscopos de niños nacidos otros días son muy distintos: “borracho…, matador de tlacuaches…, muy lascivo…, ladrón…, asesino”.

Los patronímicos mayas se transmitían a los hijos, y los patronímicos a las hijas, a través de muchas generaciones. De ambos, proceden los actuales apellidos yucatecos. Muchos se refieren a plantas y a animales que sin duda, representan un nahual: pariente próximo del tótem.

Entre los mamíferos, ya trabamos conocimiento con Balam, el jaguar, que significa también algo oculto y misterioso. Chilam Balam, nombre que se dio a los manuscritos mayas en caracteres latinos, significa “adivino de las cosas ocultas”  o “intérprete de la brujería”.

En el Yucatán contemporáneo siguen floreciendo los Balames: un de ellos es Dr. Gilberto Balam Pereira, maestro en Salud Publica y escritor…

Ceh, el venado, es el apellido paterno de otro medico el Dr. Ceh,  en Canché, “lamento de venado” como Acanceh, es el economista Escamilla Canche May, pezuña en origen, es un nombre litúrgico dado al venado. Tenemos la Dr. Barrera May, cirujano, especialista en Educación y miembro de la academia de Yucateca
de Medicina Y Cirugía

Muy es el conejo: Coh es el puma: Chab, el oso hormiguero: Ba o Baa, el topo o la tuza. Choo, la rata, es apellido que hoy en día sólo se encuentra en Cozumel.

Mis, o Miz, el gato, se considera de origen náhuatl (miztli es león en azteca y mizton, gato): pero en mi concepto la analogía se debe al común denominador onomatopéyico que se encuentra hasta el micho, micifuz y mizo español, el micio italiano y en la Mieze alemana.  Mis Tun es el actual presidente del municipio de Tinúm que está defendiendo su alcaldía como “gato boca abajo”.

Pek, perro, no es nombre de persona, sin embargo hubo un artista de Hollywood llamado Gregory Pek gran actor; pero sí su sinónimo Tzul. Asimismo Bil, nombre de una variedad de escuincle o perro pelón.

Och es el zorro o, mejor, el tlacuache. El poeta Antonio Mediz Belio llamó a su finca Ochil, “el rincón del zorro”. Puc es, tal vez, un ratón: el alcalde don Pedro Puc se fue a Mérida en 1689 “porque iban a entrar Lorencillo y los ingleses allí”. Uech es el pequeño mamífero “armado” de un caparazón: el armadillo que en la altiplanicie —y en Yucatán— tiene frecuentemente una armoniosa existencia póstuma, metamorfoseado en mandolina.

Entre los pájaros, ya vimos identificarse con el hombre yucateco al quetzal; el faisán y al pavo silvestre. Hay, además, los nombres Cobá, el de la chalaca; Cot, el del águila; Cuy, el de cierto búho. Chuy y Muan son especies de halcones; Mo o Moo es el guacamayo; Mut, un ave de la familia de los córvidos. Tzum o Tzun es otro nombre del pavo o la excrecencia carnosa que el guajolote.

Se conoce en las formas Huh y Tzel: Ah Tzeel, según el Diccionario de Motul, es la “iguana macho”.Mac es la tortuga y el nombre de un mes. Can, apellido hoy esparcido por toda la península, perteneció al noble linaje de los señores de Chetumal. Significa serpiente, y era también nombre calendárico, por referirse al primer día de la veintena o mes mesoamericano. Implicaba un pronóstico: el de sabio. La sabiduría se asocia
a la serpiente; aquí, y en el Viejo Mundo. Y aquí y allá, la serpiente es divinizada: una deidad maya es Ahau Can “señor serpiente  de Yucatán”;entre los profesionistas maya destaca el Dr. Francisco Luna Can  que fue gobernador de Yucatán ;otro vocablo es Chac Bolay Can, “gran carnicera serpiente”. Otra más es la inquietante “lluvia de culebras flacas”, Thuul Can Chac; sin contar al sabio Kukulcán, “serpiente quetzal” como el Quetzalcóatl tolteca.

Hallamos una de estas deidades reptiles, Hapai Can, “serpiente tragadora”, aún viva a mediados del siglo xx. Los lacandones (se trata de un grupo humano reducido a un par de centenares de individuos) la temen como un espíritu malvado, que absorbe a los humanos en su propio aliento.

En el apellido Caneca, que lleva actualmente una familia ejidatarios de Sudzal, es fácil reconocer el ilustre linaje de Canek, señores de Chichén Itzá que con su pueblo se establecieron, hacia 1441, a orillas del lejano lago de Petén y mantuvieron su
independencia hasta fines del siglo XVII. Can-Ek es un nombre compuesto, pero no significa necesariamente “serpiente-estrella”; puede interpretarse también como “cuatro-obscuridad”.

Según vimos, Chan es otra forma de can, en algunos dialectos mayas como el chontal, el chol y el chortí; se supone que se trata del nombre de inmigrados chontales.

Un caso análogo es el de Te, forma chontal de che, (Te, por parte, es un frecuente sufijo de nombres de árboles y de objetos de madera.) Observa Alfredo Barrera Vásquez que también Chan, en el maya yucateco, aparece como componente de nombres que significan “serpiente”, como taxinchan, y propone, para el nombre híbrido maya-náhuatl del caudillo de Mayapán, Ah Sinteut Chan, la traducción “serpiente del señor del maíz”

Otra prueba del valor significativo del nombre Chan es su hispanización en Culebro. El suegro de Gonzalo Guerrero (fundador, todavía en años precortesianos, de la primera familia mestiza mexicana) se llamaba Nachán Can. Este cacique de Chetumal era pues, serpiente por el lado materno y paterno. En Mérida conozco al Piloto Fidel Chan así como a su hijo del mismo nombre gran piloto de aerolíneas Internacionales… Quintal no representa nuestras cien libras o cien kilos, sino es el antiguo kintal maya, “cosa necesaria”).

Con la inmigración china se ha introducido en México otro apellido Chan: En chino significa “hoja de papel”

Después de iguanas, tortugas y serpientes, veamos algunos nombres de peces. El más ilustre es Pat, cazón. Jacinto Pat se llamó un cabecilla de la guerra de castas; el doctor Gonzalo Pat y Valle, médico y poeta, fue hace algunos años, rector de la Universidad del Sureste. Un pariente próximo del cazón es Xoc, el tiburón. Kanxoc, es la sepia.

Mex, abreviación de México que entra en la composición de centenares de nombres comerciales (empezando por Pemex), y que —detalle revelador— es pronunciado Mecs, nada tiene que ver con el popular apellido yucateco Mex (pronunciado Mesh), que significa peje araña. El patronímico Pox, equivale a “escamar pescado”.

En relación Chin y Chi, todos ellos yucatecos, ya vimos que chí es boca u orilla. Le enviamos un saludo a nuestro amigo José Chin Novelo hasta CANADA el apellido s Chim, con m, significa “bolsa” “alforja” o “costal”; Chi en unión con chen, pozo,
forma a  Chi’ch’en; Chichén Itzá es la “orilla de los pozos de Itzá”. A su  vez, Itzá, que se conserva como apellido en Yucatán, se debe interpretar, según lo demuestra Barrera Vásquez, como el “hechicero del agua”. El hechizo del agua atrajo a los itzaes, primero a las orillas del cenote sagrado, y después a las del misterioso lago en el  corazón del Petén. Cab no es sólo la abeja, sino, por extensión, la colmena y la miel: la deliciosa miel que producen las abejas silvestres y que los mayas usaban en lugar de azúcar. Ya vimos que las abejas pertenecían al culto agrícola y las hormigas, que las destruyen, al culto solar.

En el apellido Bacab (que evoca a los cuatro atlantes mayas que sostienen el cielo),  no entran ni la tuza, ba, ni la tierra o el mundo, también cab: Bacab, de baac, “derramar agua u otro licor de vasija angosta” y ab, sufijo instrumental, es el vertedor, el vaciador, el escanciador. El municipio de Baca es derivación de Bacab

Bas se relaciona con baaz, caja, o baúl de madera. Con la abeja se emparienta cierta avispa, ah muul, de donde parece proceder el patronímico Mul. Kin es un insecto verde y aplanado, que tal vez se identifica con las familias Kinil; pero Kin es también el Sol, y por extensión, el día. Ah Kin, “el del Sol”, era el sacerdote del culto solar, y así se sigue denominando a los sacerdotes – ahora del culto católico— en el Yucatán contemporáneo.

El apellido Kinich, “cara de Sol”, nos recuerda a los dioses Kinich Kaki mó, “guacamaya de fuego de rostro solar” y Ah Kinchil, “el rostro solar”.

Cierto feroz arácnido chupasangre, cuyas patas terminan en dos garras, es llamado Pech por los mayas. La popularidad del apellido Pech prueba la importancia que la garrapata tuvo como animal totémico.

Los Peches fueron, como los Cocones, los Xiúes y los Cheles, una de las más ilustres familias reinantes del antiguo Mayab; hoy recuerdan, entre mil otros yucatecos, entre ellos el padre Pech experimentado en el terreno de la psicología párroco por muchos años en la Colonia Alemán a quien le envió un saludo.

En una profecía del Chilam Balam de Chumayel leemos: “Estaca puesto el libro de las siete generaciones en el gran altar, el altar donde oraba Ah Kin Pech”.

El “sacerdote del culto solar-garrapata”, dio su nombre al cacicazgo de Kinpech y, con toda probabilidad, a la ciudad de Campeche (aunque hay quien derive este nombre de Can-Pech, “culebra-garrapata”, por cierto ídolo serpentiforme que llevaba una garrapata sobre la cabeza).

Es curioso que Campeche, por la semejanza aparente con “campo”, se vuelve Campeggio, en italiano, y Campêche, que suena como ‘qu’empêche”, es decir, “que impide”, en francés. En inglés es Campeachy. La difusión mundial del nombre del “sacerdote-garrapata” se debe a la importancia que tuvo, durante siglos, el palo de tinte que allí nació y fue llamada campechoría. A la fama de afables y sencillos que tenían los habitan de la ciudad amurallada se debe el común adjetivo “campechano”.

Para volver al joven Pech Canul, recordemos que los Cocones de Mayapán tuvieron para su protección a hombres de la altiplanicie mexicana, quienes fueron llamados Ah Canul, “el guardián”.

El nombre de la familia reinante de Champotón, Couoh designaba, a fines del siglo XVII, una parte de la nación Itzá: doce aldeas a orillas del lago del Petén. También entre los itzaes, Couoh se había conservado como patronímico.

Couoh se emparienta con Pech, ya que es el nombre de una araña negra y venenosa; pero Barrera Vásquez —considerado, entre otros por Sylvanus G. Morley, como la principal autoridad contemporánea de la lengua maya— traduce “piedra fina de la miel” y se pregunta si Couoh no es, tal vez, el ámbar.

Antes de ocuparnos de otras piedras finas en la onomástica maya, saludemos a los señores Mas o Maaz, “grillo”, y Zak, langosta”; al señor Tuz (de Ix tuzil), “polilla”, y al señor Us, que bien podría ser cónsul de Mexico en E:E:U:U:personaje
extremadamente raro en el Viejo Mundo y que pulula en Yucatán: us es una pequeña “mosca blanca”.

Tun, es la piedra preciosa, igualmente tun; no se puede explicar, por otra parte, por qué Moctezuma, en la profecía del  año Tun 10 Ix, es llamado “la piedra preciosa de los itzaes”. Kantún, “piedra amarilla” (como el famoso parque de Yellowstone y Mr. Gelbstein de Brooklyn), es otro patronímico muy popular en Yucatán: José E. Kantún, fue uno de los tres fusilados por la revuelta de Valladolid, en julio de 1910, Con frecuencia Kantún se asimila, por su casi homofonía, con el Cantón español, como Celis se vuelve Celis y Bas se vuelve Baz. De esta suerte, los apellidos suenan como si fueran auténticamente españoles, aunque en realidad perpetúan, con los demás nombres autóctonos, la antigua y luminosa tradición del Mayab. profesora Aurora Iban, dirigente feminista

—El reino vegetal está ampliamente representado en la onomástica maya de Mérida—. Aban, o Haban, es una planta herbácea, una mata. Nic es una florecilla. Catzin es una especie de acacia muy común en la campiña de Yucatán., Batun, es una planta comestible; pero quiero precisar que sólo se comía en tiempo de carestía. Por su parte, se conocía el una pequeña almendra de cacao, que antiguamente se llamaba pisté.

La proyección del antiguo mundo maya en el siglo xx, a través de sus patronímicos, se manifiesta en otros apellidos de singular interés. Los seguiremos buscando en personajes yucatecos y campechanos de la actualidad.

Kú es Dios, pero también es el templo en que se venera a Dios, las pirámides y los adoratorios. Tal vez por obra de Jerónimo de Aguilar y de la Malinche, los españoles llamaron al teocali de los aztecas con la voz maya. “Cu” figura hoy en el diccionario de la “Real” Academia Española, con la definición de “templo de los antiguos mejicanos”.

Uh  ve en su apellido paterno una alteración de U, la luna.

El apellido Noh, grande,” nos recuerda al regidor panista independiente, y al Noh Be es el camino grande, el camino real. Be, camino o sendero.

Francisco Cen, “atavío o adorno”, fue testigo en la información sobre la idolatría que obtuvo en 1562, Fray Francisco Toral, primer obispo de Yucatán. Declaró este Cen que “cuando sacrificaron y mataron a la dicha muchacha, tenían presentes treinta o cuarenta ídolos de barro pequeños y más de veinte máscaras de palo…

Entre otros apellidos Luis Chuc.”carbón” instructor de informática

*

Yam, “en medio” o “entre dos cosas” (que nos recuerda el Nepantla de Sor Juana Inés, con igual significado”.

Ya vimos cómo algunos Dzib castellanizaron el apellido en Escribano. Dzib significa, en efecto, pintar, escribir, dibujar y también escritura, lo que está escrito; equivale al náhuatl tlacuillo. La Profesora Raquel Dzib Cícero (precio o binomio mayalatino) fue diputada a la XXVIII legislatura del Estado (1924).

Dzul, vuelto Caballero en español, es producto de una arbitrariedad. Dzul, antigua denominación genérica del extranjero, pasó a significar el forastero por excelencia: el europeo y su descendiente. Hoy equivale a español.

Saludos.

NOTA

Para la recopilación de este capítulo consulté varias obras no mencionadas en la bibliografía del ensayo de Ralph L. Roys, Personal Names of the Mayas of Yucatán (en “Contributions to American  Anthropology  and History”. N. 31- Washington, 1940),
algunas posteriores a la publicación de dicho ensayo. Entre ellas:

Alfredo Barrea Vásquez, El Libro de los Libros de Chilam Balam, México. 1948.

Crescencio Carrillo y Ancona, Los Magas de Yucatán, Mérida, 1865. Id. Catálogo de las principales palabras magas usadas en el castellano que se habla en Yucatán, en “Boletín de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística”, tomo IV (sin fecha).

J. Ignacio Dávila Garibi,
Toponimias nahuas, México, 1943.

Ángel María Garibay. Llave del
Náhuatl, Otumba, 1940.

Rafael Girard, Ls chortis ante
el problema maya. México, 1949.

Sylvanus G. Morley, La
Civilización Maya, México, 1949.

Popol Vuh, o las antiguas historias
del quiché, Edición de Adrián Recinos, México, 1947.

Manuel Rejón García, Etimologías
Mayas, Mérida, 1910,

Cecilio A. Robelo, Diccionario
de Aztequismos, México, 1904.

Gutierre Tibón México 1950 — Un
país en futuro. México, 1942.

Yates Sosa Rafael.- Diccionario
Onomástico de Mérida, Yucatán.

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4 respuestas a Nombres y Apellidos Mayas

  1. Eduardo Nieto dijo:

    Muy Interesante :D

  2. José Luis Ix Pacheco dijo:

    Increible, muy completo el escrito, gracias por este aporte.
    Espero que mas adelante alguien busque el significado de mi apellido

  3. miguel angel tec cocom dijo:

    hola me gustaria si me pueden ayudar a encontrar el significado de mis apellidos o si pertenesen a algun linaje de los mayas yucatecos el apellido es TEC y el otro es COCOM ..POR SU ATENCION MIL GRACIAS

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