Apellidos Vascos

APELLIDOS VASCOS

 — ¡Cuidado con las trampas del vasco!

Aquí está el apellido en el cual creí reconocer una torre inclinada como la de Pisa. No, señores; Gatx, en eúzquera, es “difícil”, y Torregacha, una torre de difícil acceso. Vidacorta no es como se podría creer, una existencia de poca duración, sino un “cortijo del camino”. Cigarra no es el hemíptero cantarín, sino una “elevación rocosa cubierta de arbustos”: zigára. Totorica no es “toda rica”, como reza el mote en su escudo de armas, sino una “cuesta cimera”. Portugalete, barrio de Bilbao, no es un diminutivo de Portugal, sino que significa al pie del cerro que se extiende frente al agua, y se acantila”.
De la misma suerte, Turista no es el que viaja por su deleite, sino un “lugar del arroyo torrentoso”. Orcullo no es una forma alterada de orgullo, sino un “cerro puntiagudo”. Hay otro apellido de origen Filipino. Ungría nada tiene que ver con un individuo originario de Hungría, sino que es un “valle profundo circundado por montes”. Oro, lejos de ser “aquel metal, es una elevación, una montaña. Zubirán nada tiene que ver con un futuro plural del verbo subir; es el “lugar que se extiende desde el puente”. Irabién no es cierto señor que “irá bien”; significa:
“el término del camino del helechal”. Santurce no es una alteración, como alguien ha opinado, de Santa Úrsula, sino una “pradería limitada por la orilla del agua”, una pradería ribereña. En efecto, Santurce, como recordarán los lectores vizcaínos, se halla en un verde llano en la ribera de la ría de Bilbao.
Asúnsolo. ¡Qué apellido tan raro! El profano le encuentra un parentesco aparente con “asunción”. Asúnzulo es una “cueva de ortigas”. ¿Y Esquivel? ¿No procede de “esquivo”? Otra sonrisa compasiva. Aizkibel, explica, es “tras de la peña”.

Machin, o sea, Matxin según la grafía vasca, no es otra cosa que Martín, o el diminuto de Martín, Martinito, mientras el Machin francés es sin duda un masculino arbitrario de machine, como el coso italiano, que vale lo mismo, lo es de cosa; y machine es el machina latino, invención, ingenio, que da también nuestra “máquina”.
Harriet es típico nombre del Pirineo euzquérico. Significa “pedregal”. Su elemento significativo es arri, piedra, y el sufijo et le da el valor abundancial, como el eta de Arrieta, que es igualmente “pedregal”, o de Zubieta, “los puentes”; Legarreta, “los guijarros”; Garizurieta, “los trigales blancos”; Olazurieta, “las herrerías blancas”; Jaureguieta, “los palacios”, y así por el estilo.
Ochoterena, apellido ilustre por el biólogo mexicano. No especule usted ateniéndose a la forma fonética. Se trata de otro apellido vasco, emparentado con Ochoa, lobo. Un gran lobo, un lobazo, en Michelena, “el de Miguelin”, Gomena, “el de Gome”. Ochoterena” es el del lobazo”.
“habla solo”. El apellido del héroe que equivocadamente pronunciamos Abasolo (en lugar de Abasolo), significa “heredad del matorral”.
Duarte, en Vasconia, equivale a “entre las aguas”, mientras que en Galicia es la forma que ha tomado el nombre teutón de Eduardo, el guardián de la propiedad”.
Cuidado, decía, con las trampas el vasco. Aquí están tres apellidos comunes: Guerra, Mazo, Balza. Guerra puede ser, naturalmente, un “De la Guerra”, sobrenombre de algún soldado hispano; pero en Vasconia “guerra” es cierta depresión o perfil hundido en una ladera montañosa; viene de guerri, cintura. Mazo no es sólo un gran martillo de madera, sino que en las provincias vascongadas es un viñedo, Balza no es nada más el estandarte de los Templarios; significa: “el negro”, entre los blancos monteñeses de los Pirineos.— Eliza o Elissa (grafía francesa) no es abreviación de Elizabeth,
el bíblico “juramento de Dios”, que corresponde a nuestra Isabel; pero tiene un estrecho parentesco con él —por coincidencia, naturalmente—, ya que significa “la iglesia”. Elizalde es “próximo a la iglesia”; Elizaurre es “frente a la iglesia”; Elizondo, “junto a la iglesia; “Elissaberri”, “la iglesia nueva”, y Elissagaray o Lissagaray, 1a altura donde está la iglesia”.
Eliza es un evidente préstamo lingüístico de los romanos. El latín eclesiástico eclesia pasa al vasco quizá a través de la forma vulgar que ha dado también al francés église. El latín ecclésia procede del griego ekklesia, asamblea, con el sentido de “asamblea de los fieles” en griego cristiano, que en el siglo VI tomó el sentido de “casa de culto”, o sea, templo. Se emparientan con Eliza los apellidos españoles Iglesia y Gijalva, ecclesia alba, la “iglesia blanca” de las montañas de León; Eglise, Déglise y Glaize franceses; Chiesa italiano; Churchill inglés; Kirchhoff alemán, “corral de la iglesia”, y Kierkegaard danés, que significa lo mismo, Alcañiz, apellido español que indica la procedencia de la homónima ciudad de la provincia de Zaragoza, procede, según parece, de alcanais, “las iglesias” en árabe. (Alcaniz es la sinagoga en el mismo idioma.)

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El apellido Azcárraga quiere decir “lugar de ascarrios” y el ascarrio, en la provincia de Alava, es el arce, árbol que no nos da sólo su precioso follaje y su durísima madera. También nos ofrece el dulce jarabe que los yanquis riegan los hot-cakes (arce y maple son lo mismo). El arce o azre es el acer latino. Hay quien quiere encontrar un parentesco entre la voz latina y el askar eúzquera. Lo cierto es que se emparientan con Azcárraga los apellidos Ascasúa, “el pedregal de los arces”, y Ascasubi, “el puente de los arces”,
Azcárate no tiene nada que ver con Azcárraga. Significa “el hórreo de la peña”. Nos parece ver al Azcárate pirenaico llevar granos a su hórreo, sito en medio de ásperos peñascos. Gárate es, precisamente, el granero de los vascongados.
Hay numerosos apellidos vascos con el sufijo -aga de Azcárraga. Uno es del primer arzobispo de México, fray Juan de Zumárraga, originario de la villa guipuzcoana de igual nombre  Zumárraga de zumarra, el olmo, corresponde a nuestro Olmedo y a los franceses Delorme y Delhmeau. Escurdi significa igualmente Olmedo. Lizarraga es el fresnedo. Amézaga, Amezcua y Amézquita son el quejigal. El quejigo es importante en el campo español por sus bellotas parecidas a las del roble, buenas para los cerdos que se crían en los montes.
Loizaga, el lodazal; trinaga y Larrinaga, la era; es decir: el lugar donde se trillan las mieses. Macázaga (Makátzaga) es el sitio de los perales silvestres, que llamamos, con palabra tomada del holandés, guadaperos. Leizeaga y su variante Liceaga, son un “lugar de abismos”.
Hay varios apellidos vascos que corresponden a nuestra Espinosa, Despinal y Espino. Proceden también de nombres de lugares que se caracterizaban por su abundancia de este arbusto blanquiflorido. Así,  Espinosa o Spinoza de Vasconia o de Navarra se llama Elorga, Elorta o Elorza. Elorriaga es “el espinal”, y Elordi, Elordoi o Elurdoy son también “el espinal”; más bien, “el espinal profundo y estrecho”.
Hablando de espinas, hay un árbol siempre verde y de madera muy blanca, cuyas hojas, lustrosas y crespas, se defienden de sus enemigos con agudas púas en sus márgenes. Los romanos lo llamaron aquifolium (acebo). Un Sitio donde abundan los acebos es un acebedo; sin embargo, en el apellido se ha conservado la antigua grafía, y se sigue escribiéndolo Acevedo o Azevedo. Sus correspondientes vascos derivados de Gorostía, acebo, son Gorostiza, Gorostízaga, Goristieta, Gorostiaga, Gorostidi; y Gorozpe es “bajo el acebo”
Más espinas: las de la zarza, Larra en vasco. Les perdonamos, ya que entre ellas madura la dulce y negra zarzamora. Larrea es otra cosa: una pradera, una dehesa, un pastizal, y Larragain, “sobre la pradera”. Además Apellido que desde fines de la Edad Media y principios de la moderna alcanzó gran difusión en las provincias Vascongadas, Navarra y la Montaña de Santander.

 

No señalan los autores el arranque u origen del mismo limitándose a enumerar las distintas casas así denominadas que fueron apareciendo en los diversos lugares que más adelante señalaremos.

 

Es probable, sin embargo, que algunas de las familias de este apellido procedieran de los dos lugares de Larrea, radicados, uno en el Ayuntamiento de Barrundia y partido judicial de Vitoria (Alava), y el otro en el Concejo de Galdames y partido judicial de Valmaseda (Vizcaya), de los cuales tomaran el nombre.

Otro arbusto, sin espinas, la mimbrera, con cuyas ramillas se hacen canastas, abunda a la orilla de los ríos. Mimenza es un mimbral. La palabra vasca es, sin duda, un préstamo hecho al español. A su vez, nuestro mimbre es el vimbre, el vimen latino. También Fagoaga, hayedo, de Pagoa, la haya, procede del latín fagus. Es digno de notar que la forma original se conserva mejor en vascuence que en castellano.
Otro apellido vasco que evoca un árbol frutal procede indirectamente del latín: Icaza (Ikatza en eúzquera), el higueral, que conocemos también en la forma compuesta de Icazbalceta, el lugar de las higueras negras.
Icaza y Figueroa son apellidos no sólo análogos por su significado, sino por su común raíz latina.
En el apellido Tellaechea es fácil reconocer otro préstamo lingüístico de los romanos a los vascos. Tella es teja; echea es la casa; y la casa de las tejas es la tejera. Tella se conserva más cerca del latín tegula (de tegére, cubrir) que el castellano “teja”. Es probable que los vascos, antes de su contacto con los romanos, no cubrieran los techos de sus casas con tejas, y adoptaron el nombre junto con el uso de tejar. Los comunes apellidos Tejada y Tejera (Teixeira en portugués) corresponden, pues, a Tellaechea.
Goicoechea es la casa de la altura. Goico también se halla en el nombre eúzquera de Dios, Iaun-goicoa, el Señor de la Altura, el Señor de Arriba. El apellido del altísimo representante de la pintura española, significa “la altura”: Goya.
Ibargoyen es lo más alto de la rivera, Ibarra; y ya que güen es “el término de”, Ibargüen era llamado quien moraba en “el extremo de la rivera”. Ibargüengoitia es el Ibargüen superior.
Ibarra, la rivera vasca, procede de ibai, río, como nuestra rivera deriva del latín rivus, río pequeño.
(Ribera tiene un origen distinto: riparia, o sea, ribereña, de ripa, orilla del mar o del río). Ibarr(a) es voz digna de estudio, no sólo porque de ella se hace proceder Ebro e Iberia, sino porque se considera algo así como el eslabón que une las dos Iberias —la pirenaica y la caucásica—, gracias a un río yugoslavo aún llamado Ibar, que nace en los alpes albaneses y desemboca en el Morava. Preciosa reliquia de la geonimia preindoeuropea.
Otros numerosos apellidos se forman con ibarr., Bolívar es “el molino de la rivera”. El pueblo de Bolívar se encuentra a unos ocho kilómetros de Marquina, Vizcaya, de donde era oriundo el padre del Libertador. En Euzkádi hay otros molinos, además el de la Riviera; de ahí los apellidos Boluzar, “molino viejo”; Bolumbarri, “molino nuevo”; Bolueta, “los molinos”; Bolumburu, “el molino de la extremidad”; Bolinaya, “el molino estrecho”. El sentido etimológico del nombre de la república de Bolivia sería, pues, “el país del molino de la rivera”. En cuanto a la voz que equivale a río, ibai entra en la formación de Bilbao (Bil-ibai-ao, “desembocadura del río”), así como en la de Bayona, “la colina del río” (de donde nuestra bayoneta”). Se encuentra en Garibay, “río de trigales”, y en Legarribai, “río de guijas” (Guadalajara significa lo mismo en árabe). Ibaialde y Bayalde significan “alrededor del río”; Ibaiondo, “junto al río”; lbaiarte y Bayarte, “entre ríos”. Schuchardt hace derivar de ibaikó, “perteneciente al río”, la clásica voz española vega (de donde el apellido Vega).
Y ya que estamos “junto al agua” (Ugalde) o “entre aguas” (Ugarte), ¿por qué no visitar las numerosas Fuentes de la tierra vascongada, Iturri, Iturria o Iturriaga? Vamos por el “camino de la fuente” (Iturbide), y encontramos al emperador criollo de México. Antes de él gobernó a la Nueva España un virrey llamado Iturrigaray”fuente cimera”). Una familia mexicana está “bajo la fuente: Iturbe, pero consideró plebeya la “i” y conservó la arcaica i griega, más exótica y elegante. Así se explica la sobrevivencia de los Yturbe. Iturbi es “el vado de la fuente”; Iturmendi, “el monte de la fuente”; Iturribarría, “la fuente nueva”. “Junto a la fuente” hallamos a nuestro amigo Iturralde, y curándose en una “fuente termal”.
Hay cierta afinidad entre los apellidos Mugarza, Treviño y el francés Laffitte. Mugarza, en vasco, es mojonera, de mugar, mojón, señal que indica los linderos de propiedades y fronteras. Ya sabemos que Treviño procede del latín trifinium, piedra terminal (como mojón) de tres comarcas. El prefijo tri es, precisamente tres, y finium, del verbo finio, acabar, terminar, es el término. Laffitte evoca una piedra “fijada”, un mojón, y es nombre de propiedades con límites marcados por mojones.
¿De dónde procede el apellido Gamboa? Su relación con gamba, o pierna (del griego kampó), es imaginaria. Existe el municipio de Gamboa en la provincia de Alava, cuya cabecera es la aldea de Azúa, “el pedregal”.
¿Qué es, entonces, Gamboa?
Para distintos autores “Gamboa” tiene diferente origen y significado.

Del latín gamba (casco, con casco) y de origen hebreo. De hecho era

desde tiempos antiguos apellido de judíos y conversos.

 

Expulsados Gamboa se establecieron en Gran Bretaña en 1492. Otros desde Portugal se asentaron en Brasil donde fueron víctimas de la Inquisición portuguesa. Quienes pudieron huyeron de aquellas tierras.

Gamboa es considerado, también, apellido vasco. De la localidad de su mismo nombre en Álava. Su significado, como apellido, sería “pastizal”.

 

El espacio geográfico de Gamboa es, actualmente, Argentina, España,

Estados Unidos, Canadá y Francia.
En un libro de J. de Aritzimuño, quien cita un pasaje del libro XXII de las Bienandanzas e fortunas, por Lope García de Salazar. Hubo, durante los siglos xiv y xv dos bandos, los Gamboa y los Oñaz, que por un pleito insignificante hubieron de pelear e murieron muchas gentes de los unos y de los otros. La lucha nació del contraste entre los Gamboa (cuyo nombre deriva de gam, arriba, porque en las procesiones querían llevar los cirios en hombros) y los Oñaz (de oñez, a Pie) que, con, igual fervor, deseaban transportarlos a pie.
No me parece probable que el nombre del pueblo a la vez proceda de los píos y belicosos Gamboa del medievo. ¿Procederá acaso Gamboa de Ganburu, “extremidad de la cumbre” o prominencia cimera”? En la zona vasca de Francia este nombre se escribe Gamboure. Con el sufijo patronímico o extractivo ena, se vuelve Gamborena, “el de Ganburu”. En la terminación a se puede reconocer fácilmente el artículo sufijado vasco, como en Zuloa, la cueva; y en Basoa, el bosque; en Ochoa, el lobo. También Gamboa sería pues, “el extremo de la cumbre”. Añade que se trata de una cumbre redonda, puesto que la sílaba bo corresponde al “redondo” español.

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¡Cuántos montes, cuántos Mendi, Mendía o mejor dicho Mendieta, “los montes”, hay en la toponimia vasca! Tenemos el “monte ancho” (Mendizábal Zabala o Zavala es la anchura, la extensión; hay Mendibe o Mendive, “bajo el monte”; Mendiburo, “extremidad del monte”; Mendiondo, “junto al monte”; Mendibi, “vado del monte”; Mendiguren, termino del monte”, Larramendi, monte de pastos”. A Garamendi es “monte de helechos”, y la “herrería del monte” es Mendiola o Mendiolea. Por supuesto, el patronímico Méndez nada tiene que ver con el monte vasco, ya que equivale a “hijo de Mendo”, contracción de Menendo, derivado a su vez de Ermendo, o sea el godo Hermenegildo. Mendoza es contracción de Mendi-oz-a o Mendi-otz-a, “el rellano del monte”, o, metafóricamente “el monte frío”, porque en los rellanos se siente más frío  que en los bajos de las montañas. El apellido andaluz Mendocino es la forma adjetivada de Mendoza; pero antaño esta voz tenía también la acepción de supersticioso.
¿A qué atribuir la semejanza de mendi con el mons latino, nuestro monte? ¿A la casualidad? Los euzquerómanos hacen derivar el latín —y todos los demás idiomas— del vasco, y para ellos el caso es claro. Es posible que en lo parecido de estas dos voces se manifieste una vez más el origen común, aunque lejanísimo, del vasco y del indoeuropeo.
La parte inferior de los montes, la falda, es alda en eúzquera. ¿¿ Hubo en México un vasco ilustre, Aldaco, que se recuerda todavía en la homónima calle, por haber sido uno de los fundadores del colegio de las Vizcaínas, con Echeveste (otra casa). El apellido de Aldama, el militar insurgente, que el euzquerólogo Irigoyen supone alteración de aldamena, se forma con la voz aldatz, cuesta, de donde proviene también Aldas. Aldama es una ladera. Navarra
El nombre Alda nada tiene que ver con el vascuence, ya que es germánico. En cuanto a aldea, deriva del árabe daica, “campo”, “aldea”.

El poblado, la villa, es Uría. El ur semítico, que equivale a lo mismo y que conocemos todos por la ciudad caldea de donde procedía Abraham,. Hay quien no excluye la posibilidad de que la identidad de las dos voces se deba, una vez más, a un lejanísimo origen común de los dos idiomas; lo más probable es que se trate de una toponimia protovasca y, desde luego, presemítica.

Prosiguiendo nuestro camino, apagamos nuestra sed en el “manantial cerca de una rinconada”, Uruchurtu (txurtu es un nacimiento de aguas).

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La difusión que el roble, árbol de mítica nobleza, tiene no sólo en el Pirineo vasco, sino en toda España, en toda Europa, nos obligará a alejarnos un poco del mundo euzquérico. En vasco, el roble es Ariza. A Carmen Arístegui, “lugar de robles Le enviamos un saludo a nuestra aguerrida periodista de México  que vemos en el canal CNN  y  le corresponden también Robles, Robleda,  Robledo, Robleto y Robredo. Don Artemio de Valle-Arizpe está “bajo el roble” y  Vasconcelos imaginó “La tormenta” añorando un “monte de robles”: Adriana Arizmendi.
El nombre del roble, robur en latín, antiguamente robus, se debe tal vez al color rojo del follaje de cierta variedad. Robus es, en efecto, una forma dialectal equivalente a rojo. El retoño de sus raíces era llamado rebollo, voz que se generalizará para el roble melojo. Así el rebolledo o rebollar, que tanto abunda en la Sierra Morena, es derivado de roble, aunque su follaje, extrañamente velloso, sea de color gris verde.
Un hombre de buena madera, de madera de roble, resistente, (dura, nudosa (quercus antiquo robore, dice Virgilio), es robur, “el fuerte”, de donde nuestro “rob-usto”. A esta familia pertenecieron San Robustiano y el Tintoretto, lacopo Robusti. Ya nos damos cuenta de cómo cor-rob-orar es, sencillamente, fortificar, robustecer: volver recio como el roble. En España, a la distancia de siglos, se repite el proceso semántico de los latinos: “roblizo” adquiere el valor de fuerte y duro.

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Ariz (roble, en vasco) se emparienta con arri, piedra, de la misma suerte que el francés garrigue y el provenzal garrigo, especie de roble, se forman con gar-.
Carrasca (de donde el apellido Carrasco) es una pequeña encina (quercus coccifera) o una mata de ella. Es digno de consideración otro retorno semántico: en Chile el carrascal vuelve a ser un pedregal.
Carranza, el antiguo Carrancio. en la provincia de Vizcaya, así como los lugares Carranque, cerca de Toledo, y Carranzo en Asturias son, evidentemente, derivaciones del carranca pirenaico (y siciliano; por lo tanto, mediterráneo), que Dauzat acertadamente identifica con carrasca.
De los lugares llamados Carvallo y Carballo en Galicia, proceden los populares apellidos homónimos; y de otras aldeas gallegas pobladas de robles bastos, proceden las familias Carballar, Carballeda, Carballido y Carballedo.
El carbayo al cual aludía Loredo Aparicio, nombre vulgar con que se conoce en Asturias el roble albar o fresnal, no es sino el carballo gallego y el carbajo o carvajo extremeño. Carbayones es apodo de los habitantes Oviedo.
Los muchos lugares llamados Carbajal, Carvajal, Carbajales y Carbajosa (en Asturias, León y Castilla la Vieja), demuestran la abundancia de robladales de carbizos, tan importantes en la economía peninsular por las bellotas gordas que producen, clásico alimento de los cerdos. En México, el apellido Carbajal evoca a la familia sefardita a la cual perteneció el conquistador del Nuevo Reino de León, don Luís el Viejo, y el místico Luis el Mozo, quemado por la inquisición.

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Ruido de olas en las playas de Vizcaya y en los cerros de Guipúzcoa. ¿Olas en los cerros? Sí, pero su ruido es metálico y no lo produce el agua, sino el hierro batido. Ola, en eúzquera, es herrería.
Industria propia de la tierra vascongada. Hay herrerías por doquier. La del río, es Bayola; la de la peña, es Arriola o Astolea; la de la garganta, Zasnacola; la del monte, que ya visitamos, es Mendiola, y a su vez, el monte de la herrería es Olamendi.
La herrería de la ribera es Ibarrola; la del bosque. Basaola; la del helechal, Iraola; la del avellanal, Urriola; la del acebal. Gorostiola; la de la falda, Aldaola; la del quejigal, Amezola; la del puente, Zubicola; la del corral, Barriola. Hay una herrería cerca de una cruz ancha: Cruzalola; otra es roja, Olagorría; la blanca es Olazuría; una acabada de fabricar, es Olavarría. El lugar de la herrería nueva es Olavarrieta; la herrería nueva, que sustituye a otra que se quemó: Olarrea, “Junto a la herrería”, es Olalde, y detrás de ella, Olaguibel: la “herrería grande”, es Olandi; la ancha es Olazabal, la cimera es Olagaray, la de la altura Goicoolea. La “casa de la herrería”, es Olaechea u Olachea.
Estos son sólo unos cuantos ejemplos de topónimos relacionados con los numerosísimos talleres de herreros que había en el país vasco. Claro está que se emparientan estrechamente con la Olea euzquérica, los apellidos españoles Herrera, Herrero y Herrerías, este último procedente, tal vez, del municipio de VaIIe de1Herrerías, en la provincia de Santander. Análogos a éstos son el nombre latino de  Fabricius (Fabricio) y los apellidos catalanes Ferrer, Ferrater y Fabrer, el aragonés Fabra, los portuguese Ferreiro y Ferreira, el francés Ferrier, los italianos Ferrero, Ferrari, Ferrieri y Fabri. El Schmidt alemán, latinizado, dio el apellido Faber que conocemos por el famoso fabricante de lápices.
En Francia, el antiguo faber se volvió Favre, Fabre, Lefébre y hasta Faure o Dufaure, mientras la herrería (la fábrica), Farge o Forges ahora Fargue, Forgue, Laforgue, Fabrégue, afín a los apellidos catalanes Fábregas y Fabregat y al mallorquín Fábregues. El patronímico serviocroata correspondiente es Kovacevich. Kusinietzov es el herrero ruso; Kowalski el polaco; Kovái el checo; Seppinen el finés. En Inglaterra el oficio de herrero es tan popular, que el apellido Smith alcanza una difusión que podemos comparar a la del Pérez hispánico. El patronímico de Smith Smithson, el “hijo del herrero”, como el Macgowan escocés. Messersmith, del alemán Messerschmied, es un “herrero” o “forjador de cuchillos”, y Eisenhower, del alemán Eisenhauer, es el “minero de hierro”, literalmente el “batidor de hierro”. La antigüedad del herrero en la onomástica nos es probada por el bíblico que eso mismo significa.
Ola era todo lugar donde se trabajaba la madera, cualquier taller en general, y cuando los vascos aprendieron a trabajar el hierro, ola pasó a denominar el taller más importante: la herrería. Análogamente, el latín faber (el hacedor, el artesano) pasó a significar herrero, según hemos visto, el francés y el italiano.
Cejador se remonta hasta el valor fisiológico de ola y trata de explicar por qué ola adquirió el valor de madera. Las personas interesadas en este aspecto del  problema glotológico, pueden consultar el tomo séptimo de la obra “El Lenguaje”, de Cejador.

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comparación a las alturas pirenaicas (lab), limitadas por el mar (ur-t). En ambos casos hay una perfecta concordancia entre los topónimos y la topografía.
Llegamos a Lourdes. La forma protovasca cuyo análisis corresponde a la realidad geográfica del lugar, es Lorde (recuérdese que se trata, según la tradición recogida por el historiador Bourdette, de la forma más antigua del nombre del castillo).
Ya vimos en el análisis de Bigorra que orr es una elevación escarpada y rocosa. La 1 inicial es el fonema simple usado en vasco, relativo a la capa terrestre y a los accidentes topográficos. Or con r suave, es la raíz que se refiere a toda altura más o menos abombada en forma suave; raramente va con la inicial 1 (br). Lorr es mucho más frecuente. Lorrde significa: altura escarpada o rocosa (lorr) que se prolonga (d) en el vacío (e) o sea, en cuesta o descenso pronunciado.
El lugar en que se construyó el castillo medieval de Lourdes fue, sin duda, el mismo en que se establecieron los moradores neolíticos, por su situación dominante, apta para la defensa. La exactitud del topónimo vasco salta a la vista si se estudia una fotografía de Lourdes y su castillo.
¡Bee, bee! Con la onomatopeya del balido los franceses forman un verbo, béguer, que se encuentra en documentos desde el siglo XIV. Equivale a tartajear. Bégue es el tartamudo; Bégon, apodo de un balbuciente, se vuelve apellido hereditario.

 

Tienen un origen análogo los nombres latinos Balbo, Balbino, que proceden del indoeuropeo balbal, imitación de la manera confusa, inarticulada de hablar, como igualmente el griego Bárbara, femenino de bárbaros, extranjero: porque el forastero balbucea barbar, cuando quiere hablar en el idioma que no es suyo.
A fines del siglo XVII era intendente de la isla Hispaniola, entonces perteneciente a Francia, monsieur Bégon. El botánico francés Plumier quiso honrarlo llamando begonia a la preciosa planta de adorno que Bégon mandaba desde Santo Domingo a su patria.
La begonia, por sus hojas de color verde bronceado y sus flores rosadas, brillantes como seda, se popularizó en toda Europa. Hace pocos decenios principió a usarse Begonia como nombre de pila, a semejanza de Dalia (otra flor americana; más bien dicho, mexicana) y de Rosa, Violeta, Camelia, Jazmín…
¿Qué parentesco hay entre Begonia y Begoña, nombre de pila casi homófono? Ninguno. Begoña es una advocación de la Virgen María en Vizca. El nombre, como me informa Juan Adarraga, se compone de Beg-oin-a. Oin es cerro; bey se antepone cuando el elemento determinado domina la parte baja (be, abajo, g en lo alto). Begoña es el “lugar del cerro dominante”. El santuario de nuestra Señora de Begoña y el pueblo de Begoña están situados precisamente sobre un cerro que domina Bilbao, Abando, Deusto y Olaveaga. En Vizcaya, el nombre de Begoña tiene una difusión comparable a la de Pilar en Aragón, a la de Montserrat en Barcelona y a la de Guadalupe en México.
Begonia-Begoña: asistimos a una convergencia fonética de dos nombres de pila femeninos de origen enteramente distinto. Pero en México el nombre de la Virgen vizcaína se metamorfosea en el de la flor americana. El milagro se verifica en el Estado de Querétaro. La hacienda de Santa María Begoña, que se fundó hace muchos años en el actual municipio de La Cañada, ha sido rebautizada con el nombre de Begonia.
¿Qué quiere decir? Se parece mucho a Hernán, otro nombre español. Su interpretación, entonces, no presenta dificultad. Hernán es apócope de Hernando, o Fernando, a su vez contracción de Ferdinando, el Firthunands o Fredinands gótico.

La anterior es una especulación ociosa, que, sin embargo, se admite en recientes libros de antroponimia. Juan Adarraga, nacido precisamente en Hernani, villa de Guipúzcoa cercana a San Sebastián, sonríe compasivamente y nos aclara la verdadera etimología.
Ern es un lugar despejado; an, una elevación secundaria, una colina; i, la parte más elevada. Hernani significa: “lo alto de la colina despejada”, es decir: una colina que no está encerrada entre montes. Como en el caso de Begoña, hay una perfecta correspondencia entre el valor significativo del nombre del lugar y su topografía: característica, ésta, de innumerables topónimos euzquéricos y que permite comprobar científicamente el valor significativo de los fonemas del vasco antiguo.

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No lejos de la señorial villa de Oñate, en un paraje bravío a 800 metros sobre el nivel del mar, se yergue entre fieros picachos el antiguo santuario de Aránzazu. Las riquezas artísticas del convento han desaparecido a causa de las guerras y de los vándalos que éstas producen. De la Virgen milagrosa venerada allí —la patrona de Guipúzcoa—, cuenta la leyenda que apareció sobre un espino. Arantz es espino; an, una preposición que vale en, y zu, el pronombre tu. Aránzazu significa: “tú en el espino”.
Bonita interpretación. Sólo que se trata de una etimología popular. En realidad, Aránzazu es un nombre muy anterior a la evangelización del país vasco. Se remonta tal vez a dos mil, a cuatro mil, a diez mil años antes de Jesucristo. ¿Podrá el incansable explorador del protovasco, Juan Adarraga, aclararnos el valor primitivo de Aránzazu?
—Conozco el convento —nos contesta—, y el río Aránzazu que nace en la sierra Elguea, y la abrupta sierra Aránzazu que domina la región del convento. Conozco el Aranzazumendi. o monte de Aránzazu, ramal de la sierra de Aránzazu que avanza hacia los pueblos de Idiazábal y de Ataun. Me parece lógico pensar que el nombre de Aránzazu no era aplicado originariamente a un punto concreto, sino que denominó, un día muy lejano, a toda la sierra.
Adarraga considera a Aránzazu derivado del protovasco araantz-a-zu. Ara- es una montaña extensa, una sierra; antz se forma con an-, elevación, y tz, contracción, extremidad, y significa picacho (metafóricamente, adquiere el valor de pincho, espina); -a es el sufijo locativo y -zu es partícula abundancial. Aránzazu es la “sierra de abundantes picachos”, nombre que corresponde con tajante exactitud a la realidad geográfica de la región.
En Vizcaya existe otro Aránzazu, municipio cerca de Durango que nada tiene que ver con el santuario y desmiente, por consecuencia, la versión de “tú en el espino”. Entre sus trasuntos americanos, subsiste la parroquia de Aranzazú en Guadalajara (México); el mineral mexicano de Aranzazú, en el municipio de Concepción del Oro, Zacatecas, así como la importante población colombiana Aranzazu – con pronunciación llana – en el departamento de Caldas.

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