La toponimia

La toponimia  es el estudio etimológico de los nombres propios de un lugar.

El término «toponimia» deriva etimológicamente del griego  (tópos, «lugar») y (ónoma, «nombre»).

Además de la onomástica, otras ciencias utilizan el concepto de toponimia con significaciones específicas: en anatomía, se utiliza el término topónimo para hacer referencia al nombre de una región del cuerpo, en cuanto es distinta del nombre de un órgano; en biología, el término toponimia es sinónimo del de nombre biológico; en etnología, el término topónimo hace referencia a un nombre derivado de un lugar o región.

La onomástica es una rama de la lexicografía que estudia los nombres propios.

Es una disciplina esencialmente lingüística, pero que puede proporcionar datos de interés a saberes como la historia, la zoología, la arqueología u otras.

Se clasifica en:

Antroponimia, disciplina que registra los nombres de personas.

Bionomía, disciplina que registra los nombres de seres vivos, que se divide en fitonimia, estudio de los nombres de plantas, y zoonimia, estudio de los nombres de animales.

Odonimia, disciplina que registra los nombres de calles, caminos y otras vías.

Toponimia, disciplina que registra los nombres de lugares, habitados o no; incluye también los nombres de colinas, cordilleras y montes (orónimos), lagos y lagunas (limnónimos), arroyos y ríos (hidrónimos), etc. La toponimia se estudia de manera auxiliar en otras ciencias, como la botánica, la cromatografía, la geografía, la hagiografía, la historia, la literatura y la mitología, entre otras.

pueblos con nombres curiosos. Villa Pene.- Este lugar de Lugo tiene el nombre más cachondo de toda la lista.

Terminología de la antroponimia

Antropónimo es cualquier nombre de persona humana, uno de los tipos de biónimo.

Aptónimo: es un patrónimo que posee un significado ligado a la persona que lo porta, el más corriente es la relación con su oficio o sus ocupaciones.

Cognomen: sobrenombre de un romano. Ejemplo Marco Tulio Cicerón. Con este último nombre se era conocido públicamente.

Criptónimo o seudonimo: nombre falso bajo el cual se oculta el verdadero.

Endónimo: es el antropónimo con que con la que los habitantes del propio lugar llaman en su lengua autóctona a una persona que pertenece a su mismo lugar en contraposición al exónimo.

Epónimo: adjetivo que indica que un nombre famoso ha dado su denominación a un lugar o pueblo. Por ejemplo, Alejandro el Grande, Alejandro III de Macedonia (Pela, 20 o 21 de julio de 356 a. C. -Babilonia, 10 o 13 de junio, de 323 a. C. ), más conocido como Alejandro Magno  es epónimo de la ciudad de Alejandría.

Escopónimo: aquel antropónimo diferente del nombre de pila de la misma que siempre posee una o varias funciones que vienen a añadirse a su función designativa intrínseca.

Etnónimo: nombre de un pueblo o etnia.

Exónimo: dentro de la antroponimia, y al contrario que el endónimo, es el nombre de persona adaptado a la fonética e idiosincrasia de otra lengua con que es conocida fuera de su idioma o ámbito lingüístico. Por ejemplo, William puede ser hispanizado como Guillermo. Es lo contrario del Endónimo.

Gentilicio: nombre de un clan entre los romanos y en general nombre de los habitantes de un lugar; en este último caso también se lo denomina demónimo.

Glotónimo o glosónimo: nombre de una lengua o idioma.

Hagiónimo: nombre de santo

Heterónimo: pseudónimo que no solo se utiliza para evadir el nombre propio, sino al que se le da una personalidad e incluso una trayectoria biográfica. Por ejemplo, los heterónimos de Fernando Pessoa o los “Complementarios” de Antonio Machado. A la persona que se inventa esos heterónimos se le denomina “ortónimo”.

Hipocorístico: denominación afectiva y deformada de un antropónimo propia de la amistad o del ámbito infantil: “Chema”, “Paco”, “Manolo”, “Tolín”, “Pepa”…

Matrónimo: nombre de una familia transmitido por la madre

Monónimo: nombre único que identifica generalmente a una persona, como Voltaire o Colette

Mote, alias o apodo: sobrenombre por lo general peyorativo o despectivo que se da a una persona. Se utiliza alias sobre todo cuando es la denominación que utiliza un delincuente para evadir su identificación por la justicia.

Necrónimo: denominación con la que se evita utilizar el nombre de un fallecido.

Nombre artístico: es el más sonoro que los artistas suelen adoptar para ser mejor recordados y reconocidos.

Nombre legal: es el nombre de las personas jurídicas inscrito en la oficina del Registro Civil.

Nombre de pila: Aquel que figura en primer lugar en la denominación completa. “Luis”, “Josefina” etc.

Nombre de reinado: el que adopta un príncipe o un cardenal cuando se transforman respectivamente en rey o en papa: “Felipe VI” ;El Papa “Francisco”.

Nombre religioso o de religión: el que se adopta cuando se entra en una orden religiosa regular masculina o femenina. Por ejemplo, Juan de Yepes Álvarez se transformó en Juan de la Cruz cuando entró en la orden de los carmelitas descalzos y Teresa de Cepeda y Ahumada en Teresa de Jesús cuando entró en la rama femenina de la misma orden. El nombre que se abandona es una clase de retrónimo.

Odónimo, a veces también escrito con una “h” inicial, hodónimo, es el nombre propio que designa y se aplica a una vía de comunicación o espacio de comunicación. Un odónimo puede ser el nombre de una calle, de una carretera, de una autorruta, de una plaza, de un camino rural, de una senda, o de cualquier otro espacio público.

Ortónimo: véase “heterónimo”.

Patrónimo o patronímico: nombre transmitido por el padre.

Pseudónimo: nombre falso utilizado para ocultar el nombre real.

Retrónimo: nombre que se ha abandonado o ya no se utiliza porque ha sido sustituido por otro. También se denomina así al nombre que suscita un nombre paralelo nuevo que designa algo con lo que forma pareja: la denominación del famoso torero “El niño de la Capea” suscitó la formación de “El niño de la Palma”, otro famoso torero, por lo que es su retrónimo.

Teónimo: nombre de dios.

Un epónimo es el nombre de una persona o de un lugar que da nombre a un pueblo, así como a un concepto u objeto de cualquier clase. Así, Rómulo es el epónimo de los romanos. En el uso se llama a veces epónimo al nombre así formado

Américo Vespucio – marino – América.

Atenea – diosa griega – Atenas.

Simón Bolívar – político militar – Bolivia, repúblicas bolivarianas.

Cristóbal Colón – navegante y conquistador – Colombia.

Dan – rey legendario de los daneses – Dinamarca

Fénix – rey mitológico de los fenicios – Fenicia.

Juan Carlos I de España – rey de España –

Juan Carlos I de España

Juan Carlos I de España

Ho Chi Minh – dirigente vietnamita – Ciudad Ho Chi Minh.

Ho Chi Minh

Ho Chi Minh

Libia – princesa mitológica de Egipto – Libia.

Mariana de Austria – esposa de Felipe IV de España – Marianas

Mariana de Austria

Mariana de Austria

José María Morelos – insurgente mexicano – Morelia, Morelos.

José María Morelos

José María Morelos

Cecil Rhodes – Rodesia (Zambia y Zimbabue actualmente).

Mexico. Es el primer cambio de nombre de aztecas a mexicas. Huitzilopochtli, por llevar la misma señal, se decía Mexitli, dando a entender ungido; así los mexi, en plural también mexitin, significan ungidos, señalados, dedicados o pertenecientes a Mexitli”. Orozco y Berra, Manuel (1954 2a edición), Historia antigua y de las culturas aborígenes de México, México: Ediciones Fuente Cultural. mexi-huitzilopochtli

Epónimos famosos

Al-Juarismi – matemático y astrónomo persa – guarismo y algoritmo.

Alois Alzheimer – médico alemán – enfermedad de Alzheimer.

Alois Alzhaimer

Alois Alzheimer

Aquiles – guerrero mitológico griego – tendón de Aquiles, talón de Aquiles.

Hans Asperger – pediatra, investigador y profesor austríaco – síndrome de Asperger.

Leo Hendrik Baekeland – inventor belga – baquelita…

Michel Bégon – intendente Mexicano – begonia.

Charles Cunningham Boycottadministrador inglés – boicot.

Louis Antoine de Bougainville – navegante francés – buganvilia.

Louis Braille – pedagogo e inventor francés – escritura braile.

Nicolas Chauvin, soldado francés – chovinismo.

Marco Tulio Cicerón – orador romano – cicerone.

San Cirilo – misionero griego – alfabeto cirílico.

Louis Daguerre – químico francés – daguerrotipo.

Anders Dahl – botánico sueco – dalia.

John Dalton – químico británico – daltonismo.

Rudolf Diesel – ingeniero alemán – motor diésel, petróleo diésel.

John Down – médico británico – síndrome de Down.

John Langdon Down

John Langdon Down

Leonhart Fuchs – botánico alemán – fucsia.

Luigi Galvani – científico italiano – galvanización.

Alexander Garden – naturalista escocés – gardenia.

Joseph Ignace Guillotin – médico francés – guillotina.

Mijaíl Kaláshnikov, diseñador ruso – fusil Kaláshnikov.

kalashnikov

Mijaíl kalashnikov

Georg Josef Kamel – misionero alemán – camelia.

Gonzalo Rodríguez Lafora – médico español – enfermedad de Lafora.

Sinónimos

Síndrome de Lafora

Enfermedad de cuerpos de Lafora

Epilepsia mioclónica de Lafora

Epilepsia mioclónica progresiva tipo 2 (EPM2)

Jules Léotard – acróbata francés – leotardo.

Charles Lynch – juez estadounidense – linchamiento.

Leopold von Sacher-Masoch – escritor austríaco – masoquismo.

Nicolás Maquiavelo – escritor italiano – maquiavelismo.

Nicolas Maquiavelo.

Nicolas Maquiavelo.

Samuel Finley Breese Morse – inventor estadounidense – código morse.

Viacheslav Mólotov – político soviético – cóctel molotov.

Molotov

Molotov

Jean Nicot – embajador francés – nicotina.

Narciso – personaje mitológico griego – narcisismo.

Alfred Bernhard Nobel – inventor sueco – premios Nobel.

Orfeo – – personaje mitológico griego – orfeón.

San Pantaleón – mártir cristiano – pantalón (a través del personaje Pantaleón.)

Louis Pasteur – químico y biólogo francés – pasteurización.

Louis Pasteur

Louis Pasteur

Antoine Quinquet – farmacéutico francés – quinqué.

Donatien Alphonse François de Sade – escritor francés – sadismo.

John Montagu, IV conde de Sandwich – noble británico – sándwich.

Adolphe Sax – músico belga – saxofón.

 

Características

Los topónimos en ocasiones tienen su origen en apellidos o nombres propios de personas, pero habitualmente su origen está en algún aspecto físico o material del lugar que designan. Por ejemplo, Ocotlán significa ‘donde abundan los pinos’ pero también se ha interpretado como ‘lugar de pinos u ocotes’, mientras que Purroy, cuyo origen está en el latín PODIUM RUBEUM ‘lugar elevado rojizo, pueblo rojizo’, tiene precisamente su motivación en que el pueblo designado está situado sobre un altozano cuyas tierras y rocas poseen la mencionada cualidad cromática. Los topónimos pueden ser clasificados de acuerdo a su manera de referirse al lugar en tres tipos:

Topónimos que describen o enumeran alguna característica física del lugar, que resulta especialmente sobresaliente o relevante.

Topónimos que tienen su origen en nombres de persona (antropónimos) o derivados de ellos.

Topónimos de origen desconocido, generalmente procedentes de nombres comunes antiguos que, con el transcurso del tiempo, azares o evolución lingüística de los territorios, han dejado de entenderse.

Los estudios de la toponimia generalmente requieren cierto grado de conocimiento en dialectología, fonética, historia, lexicología y morfología, de una o más lenguas de la zona a estudiar donde se encuentra el topónimo. Aunque de hecho el estudio de los topónimos es en esencia un estudio etimológico más, pero con dificultades añadidas, pues los cambios fonéticos no operan con la misma regularidad en la toponimia como en el resto del léxico general.

Toponimia popular

Uno de los atractivos de la toponimia para los aficionados es la creencia popular de los pueblos de que existe una conexión, a veces mística, entre el nombre de cada lugar con este nombre que significa. Esta creencia no es sorprendente, puesto que muchos topónimos, como se ha mencionado anteriormente, tienen su origen en algún rasgo físico del lugar designado que llamó la atención de los hablantes.

La tentativa que hacen los toponimistas es la de acercar el significado original de un lugar a su denominación o nombre; sus conclusiones compiten a menudo con las etimologías populares, ya que algunas de dichas etimologías son falsas o bien pueden sonar más poéticas o atractivas a los turistas. Así se tiene un ejemplo en la denominación de río «Mississippi», que se empleaba con significado de ‘padre de las aguas’ (aunque puede significar simplemente ‘río grande’), el nombre del estado de «Idaho» fue nombrado para significar ‘gema de las montañas’ (aunque puede ser simplemente un nombre inventado), y el nombre «Vladivostok» de la ciudad rusa para el «dominador del este» (aunque éste se empleaba a menudo como «señor del este»).

Transcripción de topónimos

Existe una polémica sustancial respecto a la pertinencia de traducir o usar la forma original de los topónimos. Actualmente se tiende a aceptar que se traduzcan los más extendidos en cada lengua y respetar en lo posible el nombre en el idioma original. No obstante, la ONU recomienda que no se creen más exónimos para topónimos nuevos y que, en la medida de lo posible, los exónimos tradicionales se limiten a las localidades de importancia relevante.

Un exónimo (del griego ἐ ex- ‘fuera de’ y ónoma ‘nombre’) es la denominación con la que una comunidad de hablantes se refiere a un lugar que se encuentra fuera del ámbito de influencia de su propia lengua. Por contra, se conoce como endónimo a la forma con la que los habitantes del lugar referido se refieren al mismo en la lengua autóctona. La voz es un tecnicismo propio del ámbito de la lingüística.

Exónimos que han quedado en desuso en español

Angora, por Ankara, la actual capital de Turquía;

Augusta por Augsburgo, ciudad alemana, más conocida ahora como Augsburgo;

Bona por la ciudad alemana de Bonn;

Brema, por la ciudad alemana de Bremen;

Hermosa, por la isla china de Formosa o Taiwán;

Madera, por la isla portuguesa de Madeira;

Madeira, isla, Portugal.

Madeira, isla, Portugal.

Marruecos, por la ciudad de Marrakech;

Tolosa, por la ciudad francesa de Toulouse;

León por la ciudad francesa de Lyon;

Los tautopónimos son aquellos topónimos (nombres propios de lugares) que en el propio nombre repiten el accidente geográfico que designan o, en un caso más general, aquellos que muestran cualquier repetición. En puridad, esa repetición debería darse en el mismo idioma aunque dados los escasos ejemplos —como arroyo Riachuelo— y, por extensión, se acepta que se refiera también al significado de términos tomados de otras lenguas, siendo éste el caso más general (como desierto del Sahara, ya que «Sahara» viene de la transliteración a idiomas europeos del árabe  que significa ‘desierto’).

Ejemplos de tautopónimos

Desierto del Sáhara, o ‘desierto del Desierto’, ya que sajara viene de la transliteración a idiomas europeos del árabe, que significa ‘desierto’;

desierto de Sahara.

desierto de Sahara.

Valle de Arán (Cataluña), ‘valle del Valle’, ya que aran (del antiguo vascuence haran) significa ‘valle’;

Valle de Arana (Álava, España), o ‘valle del Valle’, ya que arana en euskera significa ‘valle’;

Valle de Arana.

Valle de Arana.

Canal de la Robine (Aude), ‘canal del Canal’, ya que en occitano, una robina es un ‘canal’.

Cuesta Alhacaba en Granada, significa Cuesta de la Cuesta en árabe.

 

Toponimia híbrida

La toponimia híbrida consta básicamente de la unión de dos lenguas diferentes:

Hibridismos: usados frecuentemente a la unión de dos lenguas: Badiraguato, San Felipe Orizatlán, Munitepec, Mayapan, Zapotlanejo, Mexiquillo, etc.

Patronímicos: Hidalgotitlán (topónomo híbrido entre náhuatl y un nombre castellano).

Múltiples topónimos

Otras ciudades tuvieron múltiples toponimias en relación a las etnias que habitaron las regiones donde se encuentran dichas urbanizaciones. Estos topónimos perdieron jerarquía como fue avanzando la colonización de algún pueblo como en los siguientes casos:

Ciudad de México: Mondö en otomí, Bondo en mazahua, Ñuu Otras ciudades tuvieron múltiples toponimias en relación a las etnias que habitaron las regiones donde se encuentran dichas urbanizaciones. Estos topónimos perdieron jerarquía como fue avanzando la colonización de algún pueblo como en los siguientes casos:

Ciudad de México: Mondö en otomí, Bondo en mazahua, Ñuu Koy’o en mixteco y Tenochtitlan en náhuatl.

Toluca: Nzehñi en otomí, Zúmi en mazahua e Imbómáani en matlatzinca.

Santiago de Querétaro: Ndämaxei en otomí, K’erhiretarhu en purépecha y Tlachco en náhuatl

Hermosillo: Hezitmísoj en seri, Pitic en náhuatl y Hoomi en yaqui.

Puebla de Zaragoza: Cuetlaxcoapan en náhuatl, Ñuu Yuta Ndio’oan en mixteco, Ndema en otomí y Kilhpanachúchut en totonaco.

Oaxaca de Juárez: Ñuu Ñunduva en mixteco, La’a en zapoteco

Morelia: Anhangarhio en purépecha y Animaxe en mazahua. Koy’o en mixteco y Tenochtitlan en náhuatl.

 

Morelia: Anhangarhio en purépecha y Animaxe en mazahua.

El topónimo México

El topónimo de México procede de México-Tenochtitlan, nombre náhuatl con el que los mexicas designaban a su capital, situada en lo que actualmente es la Ciudad de México. Su etimología, en cambio, es incierta. Antes de su independencia el país era llamado América Mexicana, y si bien se discutió la posibilidad de denominar Anáhuac al nuevo país, finalmente prevaleció la forma actual.

Los mexicas, según los relatos de los historiadores, fueron un pueblo con creencias religiosas, tradiciones y una gran cultura avanzada para la época, con un sistema político de tributos para someter a sus habitantes y un dominio que ocupó la mayor parte del centro y sur de la actual República Mexicana.

Cabe señalar que aztecas se les denominó a los habitantes de Aztlán, lugar del que emigraron en peregrinación para fundar en 1325 la capital de su futuro imperio México-Tenochtitlan, y se cambiaron el nombre a mexicas al ser “protegidos del dios Mexi (Huitzilopochtli)” para distinguirse de sus antiguos opresores, los señores de Aztlán, y denominaban a su lengua “mexicacopa“, que significa literalmente “a la manera mexica”, como señala Sybille de Pury, mientras que en castellano la palabra mexica se transformó en mexicano cuando fray Andrés Molina en 1555 escribe el diccionario “castellano-mexicano” y fue el nombre con que se denominó la lengua, ya que el término náhuatl que significa “claramente” o “nahuatlatoa” hablar claramente, lo empleaban para diferenciar su lengua de la extranjera o hablada incorrectamente y fue en el siglo XX que se buscó definir o encasillar bajó ese término a la lengua clásica, hablada en la capital a la llegada de los españoles. Actualmente los hablantes nativos de la lengua, se refieren a ella como “macehuallatolli” que significa “lengua de la gente del campo”, mientras que se refieren al español como mexicano.

La toponimia de mexicano se remonta en el siglo XVI, cuando los españoles consideraban al habitante y la lengua de México-Tenochtitlan como mexicano, de igual manera los españoles peninsulares que habitaban la Nueva España usaron el gentilicio “Mexicano” para denominarse a sí mismos.

Pronunciación

La Real Academia Española, a través de su Diccionario panhispánico de dudas, recomienda la grafía México; lo mismo es válido para el gentilicio, mexicano. Se considera que la pronunciación correcta (en español) es [Méjiko].

Cuando los conquistadores españoles transcribieron el idioma de los mexicas lo hicieron siguiendo las reglas del idioma castellano de la época. La lengua náhuatl tiene un sonido /ʃ/ (como shop en inglés o cheval en francés) que fue representado en castellano con la letra x, tal como se hacía entonces (compárese: Ximénez y Xavier). En el castellano del siglo XVII este sonido pasó a pronunciarse j, de modo que en la reforma ortográfica de 1815 los vocablos escritos con x pero pronunciados j pasaron a escribirse con j (por ejemplo, Don Quijote < Don Quixote). Aunque la pronunciación cambió, la grafía del nombre México conservó la equis por razones etimológicas e históricas, como tantos otros nombres de sitios y objetos provenientes de lenguas indígenas mesoamericanas.

Por otro lado, las palabras en náhuatl son graves, es decir, se acentúan en la penúltima sílaba. La tilde en el nombre México fue agregada debido a un cambio en la pronunciación por parte de los conquistadores, pues la pronunciación original del nombre era /me:’/. En cualquier caso, la única pronunciación correcta en español es /‘mexiko/, nunca /‘meksiko/.

Fray Servando Teresa de Mier, en su Carta de despedida a los mexicanos de 1821, explica brevemente el origen de la distorsión de la pronunciación de la “x”:

Esta carta se reduce a suplicar por despedida a mis paisanos anahuacenses recusen la supresión de la x en los nombres mexicanos o aztecas que nos quedan de los lugares, y especialmente de México, porque sería acabar de estropearlos. Y es grande lástima, porque todos son significativos, y en su significado topográficos, estadísticos, o históricos.

Pero como para suavizar ésta aún no estaba adoptado el acento circunflejo sobre la vocal siguiente, y los conquistadores eran en su mayoridad extremeños y andaluces, o árabes en su pronunciación, pronunciaron fuerte todas las x escritas por los misioneros, y llenaron de letras guturales los términos que adoptaron de la lengua mexicana, la cual no admite alguna.

Por eso pronunciaron los españoles México (Méjico), aunque los indios no pronuncian sino México (Mescico) con la letra hebrea scin.

Y es un dolor, mexicanos, que: italianos, franceses, ingleses y alemanes pronuncien mejor que nosotros el nombre de nuestra patria, pues nadie fuera de nosotros, pronuncia México con letra gutural.

En todo caso, paisanos míos, sigamos a escribirlo con x, o para llegar con el tiempo, si la nueva ortografía predomina, a pronunciar como se debe éste y los demás términos mexicanos, o para no echar en olvido enteramente una de nuestras mayores glorias.

Si, México con x suave como lo pronuncian los indios significa: donde está o es adorado Cristo, y mexicanos es lo mismo que cristianos.

Fray Servando Teresa de Mier, Carta de despedida.

Algunos autores (especialmente en España y Argentina) escriben el nombre del país o la capital como Méjico. Aunque tanto la forma con j como la forma con x son consideradas correctas por la Real Academia Española, esta institución recomienda el uso de la forma con x tanto en el nombre del país como en sus derivados, por ser la usual en el país referido y en la mayor parte del mundo de habla hispana. En México se utilizó la grafía Méjico al mismo tiempo que México durante una parte del siglo XIX, aunque finalmente la grafía con jota cayó en desuso. Lo mismo sucedió con otros topónimos mexicanos escritos actualmente con x pero pronunciados /x/, como Oajaca por Oaxaca.

 

El cuádruple valor fonético de la equis —que en México se emplea para representar /x/, /s/, /ks/ y /ʃ/— constituye una característica particular de la escritura del español en ese país.

 

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Etimología

No se ha alcanzado una interpretación filológicamente indiscutible de la etimología de México, a pesar de los numerosos intentos que se han sucedido desde principios de la época colonial. Prueba de ello es el trabajo del antropólogo Gutierre Tibón, quien analizó 70 distintas propuestas incluyendo las más descabelladas.5 Entre estas últimas se cuenta la del pretendido origen judío del nombre de México. Los cronistas religiosos del periodo colonial discutieron la cuestión de la procedencia de los habitantes nativos de América a partir de los textos bíblicos, y su conclusión dominante fue la de que descendían de las “tribus perdidas de Israel”.6 En este sentido, el dominico fray Gregorio García y otros clérigos sostuvieron que Mexitli, el legendario caudillo que guió a los mexicas en su peregrinación desde Aztlán y del que derivaría el nombre de México, no era sino un trasunto del Mesías.7 8 9 Esta teoría sobre el poblamiento original del continente se mezclaba con la difundida idea de que el apóstol Tomás había llegado a América en sus viajes, por lo que en las creencias de los indígenas se hallarían restos de esa protoevangelización.10 El mismo fray Servando Teresa de Mier, destacado insurgente mexicano, compartía esta opinión y, en relación a la etimología de México, afirmó que Mecsi equivalía a ungido o Cristo.

 

Coincidiendo en parte con esta interpretación Manuel Orozco y Berra, mexicanista del siglo XIX, hace derivar el nombre de los mexicas de óxitl (trementina), tintura con la que el dios Huitzilopochtli distinguió a su tribu escogida durante la marcha desde Aztlán. De este modo los mexitli (mexicas) serían los “ungidos” o “elegidos”.12 Curiosamente, esta etimología está emparentada con la interpretación que a principios del siglo XVII hizo el historiador descendiente de la nobleza indígena Fernando de Alva Ixtlilxóchitl. Ixtlilxóchitl define a los meciti o mexiti (mexicas) como “hijos de Ocite”,13 pues al transcribir los códices al español malinterpretó el jeroglifo que representaba el óxitl identificándolo con un nombre de persona.14 En cambio, el capítulo “Cómo vinieron los mexicanos en esta tierra” de la Historia de los mexicanos por sus pinturas (texto escrito por misioneros franciscanos poco después de la Conquista) sitúa el origen de México en Mixithl, una supuesta localidad cercana a Aztlán de la que los mexicas habrían adoptado el nombre.Aparte de estas interpretaciones, el origen de México en Mexitli ha sido defendido con criterios más sólidos por otros autores. No obstante, algunas de tales propuestas se basaban en una transcripción incorrecta de este nombre: Mecitli. Esta transcripción ha dado lugar a diversas etimologías en las que intervienen el maguey (metl, de donde provendría la primera sílaba Me-) y la liebre (citli). Entre los testimonios de ancianos que recopiló Bernardino de Sahagún en el siglo XVI para su Historia general de las cosas de la Nueva España, se encuentra la leyenda de que este líder de los mexicas fue llamado Citli (liebre) al nacer y acunado en una penca de maguey, por lo que se le conoció como Mecitli.16 Otra fuente igualmente antigua en que se recoge una interpretación similar son los comentarios añadidos a un pictograma del llamado Códice Ríos (de finales del siglo XVI), en los que se explica que Mecitli significa “indumento de piel de liebre” y que de esta palabra deriva el nombre de la ciudad.17 Sin embargo, un dios de nombre Mecitli aparece también en la Leyenda de los Soles, en uno de cuyos pasajes se narra que cinco hijos de la diosa Chalchiuhtlicue fueron amamantados por dicho dios. Puesto que citli es asimismo “abuela” en náhuatl, en su edición de esta leyenda Francisco del Paso y Troncoso dedujo que Mecitli era la “abuela del maguey”, pues habría amamantado a los cinco pequeños dioses con aguamiel de maguey

Por lo que se refiere al maguey (metl) como origen de la sílaba Me- de Mexitli, una de las principales pruebas aducidas por los partidarios de esta opción es el hecho que la Matrícula de los Tributos (manuscrito del siglo XVI con pictogramas obra de escribas mexicas) representa esta figura legendaria como un maguey.19 De este modo, y con base en la transcripción correcta, la etimología clásica19 de Mexitli es “ombligo de maguey” formada a partir de metl y xīc-tli (ombligo), que en su día formularon los misioneros Motolinía20 y Juan de Torquemada.21 Añadiendo posteriormente el locativo –co (en, lugar de), se obtiene “Lugar en el ombligo de maguey” que equivaldría a México. Una solución más sencilla fue la adoptada por los también religiosos José de Acosta,22 Diego Durán23 y Francisco Javier Clavijero,24 que optaron simplemente por “Lugar de Mexitli” sin pararse a elucubrar sobre la etimología de este último. Sin embargo, Tibón considera erróneas estas etimologías basadas en un héroe epónimo, pues tal héroe sería un mito surgido con posterioridad a la fundación de la ciudad y habría tomado el nombre de ésta, no a la inversa.2

En cambio, otras etimologías derivan la sílaba Me- de mētz-tli (luna), pues México-Tenochtitlan había sido edificada en un islote del Lago de la Luna, uno de los nombres con que los mexicas se referían al Lago de Texcoco. Su principal exégeta es el arqueólogo Alfonso Caso, quien propuso “En el centro de la Luna” o “En el centro del lago de la Luna”,26 si bien la ciudad se encontraba físicamente cerca de la orilla occidental del lago. Sin embargo, esta interpretación etimológica de Mēxihco [me:ʃiʔko] como “En el centro [del lago] de la Luna” no es plausible, pues no encajan ni la cantidad vocálica de la /ī/ de xīc- ‘ombligo’ ni el saltillo que precede al locativo. Además de que dicha interpretación requeriría la caída irregular del grupo -tz- de mētz-.27

Otra hipótesis relaciona el nombre del país con el del dios Mexi (pronunciado en náhuatl [‘meʃi]) forma apocopada de Mextli, nombre secreto que daban los mexicas a su dios tutelar Huitzilopochtli, el colibrí siniestro. De esta forma, el significado de México sería “el lugar donde habita Huitzilopochtli”. Pero igualmente esta derivación no es compatible con la forma náhuatl del nombre Mēxihco, exactamente por las mismas razones fonéticas anteriores.

Nombres históricos de México

Mapa del Virreinato de la Nueva España del año 1708 en el que se aprecia el nombre de Mexico para nombrar al virreinato.

En la época precolombina el territorio de lo que actualmente es México era conocido como Anáhuac, que en náhuatl significa el mundo o “Tierra rodeada por los mares”, en tanto que el nombre de Mexico-Tenochtitlan estaba reservado a la capital de los mexicas. En sus escritos los conquistadores también registraron las voces indígenas de Culúa,28 para referirse al territorio controlado por los mexicas, y Mexico29 (en su forma llana original), para nombrar la región donde se encontraba su capital.

Durante la Conquista Hernán Cortés nombró Nueva España a este territorio,32 denominación que se mantuvo durante toda la era colonial para el virreinato, que incluía también la Capitanía General de Guatemala y Nueva Galicia. El virreinato era también conocido simplemente como México, diversos mapas y documentos de la época colonial nombran a la Nueva España como México o America Mexicana.

Durante la Guerra de Independencia, en el último debate sostenido en el Congreso de Anáhuac en 1813, se propuso recuperar el nombre de Anáhuac para la nueva nación independiente y en 1814 bajo la Constitución de Apatzingán con el nombre de América Mexicana. Pero el primer nombre oficial en 1821 del nuevo estado fue el de Imperio Mexicano. Tras la caída de Iturbide en 1823 se promulgó la constitución de los Estados Unidos Mexicanos, y México finalmente prevaleció como nombre común del país.

Topónimos de México por origen

La toponimia de México se basa en varias tradiciones culturales, después del inicio de la conquista, y la posterior colonización española, muchos nuevos enclaves recibieron topónimos basados en el español y otros recibieron añadieron al nombre prehispánico algún antropónimo español. Pero también el náhuatl que era lingua franca de la región fue usado en topónimos de nueva creación, porque los españoles se sirivieron ampliamente de hablantes de náhuatl para sus propósitos. De hecho actualmente existen topónimos de origen náhuatl en lugares donde antes de la conquista no se habló náhuatl o no era la lengua principal (Actopan (Hidalgo), Tuxtla, etc.).

 

Además de esas dos fuentes principales regionalmente otras lenguas autóctonas de México fueron importantes. En el estado de Michoacán por ejemplo son muy abundantes los topónimos de origen purépecha, en la península de Yucatán abundan los topónimos procedentes de diversas lenguas mayenses.

 

Toponimia náhuatl

Artículos principales: Náhuatl y Anexo:Lista de topónimos de origen náhuatl.

Los topónimos del centro de México son de origen prehispánico. Sin embargo, gran número de topónimos se dan en áreas donde el náhuatl no fue la lengua vehicular habitual. Eso se debe a que durante los primeros dos siglos de la colonia, los españoles usaron el náhuatl como lengua general de evangelización y se sirvieron de nahuatlatos, especialmente tlaxcaltecas para las labores relacionadas con la colonización. Así los topónimos nahuas de Michoacán, Zacatecas, Chiapas o Guatemala datan del tiempo de la colonia.

 

Los topónimos en náhuatl son fácilmente reconocibles porque usan unos pocos sufijos referidos a las características del lugar muy fácilmente reconocibles como: -tlan /-tla, -co /-c, -tepetl /-tepec, etc. A veces ocurren dos o más sufijos en combinación.

 

Sufijo    Alternativa(s)    Forma náhuatl  Significado          Ejemplos

-co         -c            -co (tras de conson.)

-c (tras de vocal)              ‘en’        México, Acapulco, Taxco, Xochimilco, Chapultepec

-tzingo  -zingo, -cingo    -tzin (rev.) + -co               ‘en el/la venerable…’    Huejotzingo, Chilpancingo, Mexicaltzingo, Tulancingo

-tlah      -tla,        -tlah, -lah (tras l)              ‘lugar sembrado de…’, ‘lugar lleno de…’              Camocuautla, Chiauhtla, Tlalnepantla

-tlán      -tla, -la(n)           -tlān, -lān (tras l)              ‘lugar en el que abunda…’          Ahuacatlán, Zautla, Mazatlán, Tlaxcala

-tépetl/-tepec  -tepeque            tepē-tl/tepē-c  ‘montaña / en el monte…’          Popocatépetl, Coatepec, Temascaltepec, Tlacotepec

-titlán    -titla      -ti + -tlan             ‘Lugar entre…’  Amatitlán, Cuautitlán, Tenochtitlán, Minatitlán, Tepatitlan

-pán      -pan, -pa             -pan      ‘sobre…’              Apan, Atizapán, Axochiapan, Jalapa, Tlalpan, Chilapa

-ixco / -ixpan     -isco / -ixpán     -īx + -co / -īx + -pan        ‘(en)frente a…’                Atlixco, Jalisco, Temixco, Tlaixpan, Tepetlixpan

-tenco  -tengo  -tēn + -co            ‘en el borde de…, en la orilla de…’          Atenco, Tianguistenco, Tequesquitengo

-can       -cán/-ca               -cān       ‘donde…’            Colhuacan, Teotihuacan, Toluca

-man     -mán/-ma           -mān     posiblemente ‘extenderse’, ‘disperso’ o ‘en manos de…’            Tolimán, Acolman, Colima, Oztoman

-yan       -ya         -yān       ‘donde + (verbo impersonal)’    Almoloya, Calimaya, Temoaya, Tacubaya

Otros formantes frecuentes a principio de palabra:

 

Morfema            Alternativa(s)    Forma náhuatl  Significado          Ejemplos

a-            al-           ā- / āl-   ‘agua’    Atenco, Altépetl

tlal-        tal-         tlāl-        ‘tierra, suelo’     Tlalpan

cal-                        cal-         ‘casa’     Izcalli

cuau-    cuauh-  cuauh-  ‘árbol, bosque’ Cuautitlán

Toponimia mixteca[editar]

Artículo principal: Idioma mixteco

Los topónimos en lengua mixteca se encuentran concentrados en La Mixteca, una región que abarca la porción oriental del estado de Guerrero, el sur de Puebla y el occidente de Oaxaca. Este es el territorio tradicional de los pueblos mixtecanos. La toponimia mixteca es especialmente abundante en Oaxaca, donde numerosos municipios tienen un nombre en mixteco, o uno mixto compuesto por un patronímico que se añadió después de la Conquista al nombre indígena original.

 

En toda La Mixteca ha habido un proceso de sustitución de los topónimos mixtecanos, sea por nahuatlización —adopción de topónimos equivalentes en lengua náhuatl— o mediante la sustitución total. Un ejemplo de la nahuatlización lo constituye el caso de Santiago Tilantongo, municipio oaxaqueño en el que se encuentran los restos de uno de los más importantes asentamientos prehispánicos de la cultura mixteca. El nombre en mixteco de Tilantongo es Ñuu Tnoo Huahi Andehui. Tanto el topónimo mixteco como el náhuatl hacen referencia a esta población como Lugar de la Negrura, aunque el nombre mixteco se traduce completo como Lugar de la Negrura-Templo del Cielo. Otro caso de sustitución del topónimo mixteco lo presenta el pueblo de Gabino Barreda, en el municipio poblano de San Jerónimo Xayacatlán. Este poblado llevaba el nombre de Yucuyuxi hasta 1903, cuando un decreto del Congreso del Estado de Puebla le cambió el nombre por el que lleva actualmente en memoria del fundador de la Escuela Nacional Preparatoria.33

Toponimia purépecha

Artículo principal: Idioma purépecha

La toponimia purépecha o michoacana es reconocible porque muchos de los topónimos son palabras esdrújulas como Pátzcuaro, Parícutin, Yuriria, Huiramba, Zacapu, Uruapan o Penjamo, el topónimo Guanajuato o Irapuato que se componen por la palabra uata que significa cerro o monte. Avandaro, Zirandaro, Querétaro, Chupicuaro, Acambaro, Huanimaro o Puruandiro además de que muchos de ellos contienen el fonema /r/, que es atípico en las lenguas mesoamericanas diferentes del purépecha.

 

La toponimia purépecha es regional y se da básicamente en el estado de Michoacán y áreas limítrofes, antes de la conquista española habían estado dominadas por el reino de los tarascos cuya capital era Tzintzuntzan, junto al lago de Pátzcuaro. Este reino abarcaba casi todo el estado actual de Michoacán, y partes considerables de Guanajuato y Guerrero, así como porciones de los estados de México, Querétaro y Jalisco.

 

La toponimia de Taximaroa (Ciudad Hidalgo), pudo haber sido una michoacanización de la palabra náhuatl Tlachimaloyan; ya que el Reino de Michoacán tuvo zonas fronterizas que se relacionaron estrechamente con la lengua náhuatl.

Algunos formantes típicos del puépecha son:

X-cuaro de /-kʷa-ɽo/ ‘lugar en el que se hizo X’: Pátzcuaro.

Toponimia mayense

Artículo principal: Lenguas mayenses

La toponimia de origen mayense se restringe básicamente al tercio sur del país (Yucatán: Kanasín, Tizimín, Umán, Ticul, Tekax, Hunucmá, Motul, Oxkutzcab, Peto, Izamal, Chemax, Maxcanú, Muna, Tixkokob, Acanceh, Akil; Quintana Roo: Cozumel, Tulum, Kantunilkín, Chunhuhub, Bacalar, Tihosuco, Chetumal, Campeche: Champotón, Calkiní, Dzitbalché, Hecelchakán, Pomuch; y Chiapas) y algunos nombres en San Luis Potosí (como Tamuín o Tancuayalab) y otros en Tabasco (como Balancán o Tenosique). Ciertas terminaciones (-m, -b) son típicas de esta toponimia así como las “consonantes heridas” o aspiradas (marcadas con ‘). Esta toponimia también aplica más allá de las fronteras de México, como en el caso de Guatemala y Belice, y algunos lugares de Honduras y de El Salvador.

 

Toponimia otopame

Artículo principal: Lenguas otopames

A pesar de la gran extensión de las lenguas otopames en el centro y centro-norte de México, en particular la del otomí sobreviven relativamente pocos nombres de este origen. En gran parte porque los otomíes fueron pueblos pacíficos que fueron sometidos por los nahuas que ocuparon los grandes centros, quedando los otomíes en las zonas más rurales. Igualmente los matlatzinca-pirindas en otro tiempo tuvieron un estado centralizado y poderoso fueron sometidos por la fuerza por los mexicas. El sojuzgamiento del área otopame a manos de pueblos de lengua náhuatl hizo que la mayoría de topónimos originales se substituyeran por otros nuevos de origen nahua (Actopan < Mañutsi, Tenancingo < Ptichi). Entre los nombres todavía usados están Endó (Hidalgo) (otomí ndo ‘pedregal’), y muy en especial en la región del Valle del Mezquital, o Mañi (< otomí ma-hñi) en algunas regiones serranas al norte del estado de México; hay otros poblados como Xichu en el estado de Guanajuato que debido a su posición geográfica quedó aislada por muchos años. Muchos topónimos de origen otomí empieza por ma- que es un locativo (similar al náhuatl -co).

Toponimia california

A pesar de la gran extensión territorial de la península de Baja California, sobreviven relativamente pocos nombres de origen indígena. En gran parte fueron exterminados los pueblos nativos de la Vieja California a medida que se consolidaba la colonización española. El sojuzgamiento de pueblos de lengua pericú, mongui y guaicura hizo que la mayoría de topónimos sudcalifornianos originales se substituyeran por otros nuevos de origen español. Por ejemplo, La Paz sustituyó a Airapí, Añuití es el nombre pericú de la región de San José del Cabo, Conchó es el topónimo monguí para Loreto. Se conservan vigentes algunos topónimos cochimíes como Mulegé, Comondú, y San Ignacio de Kadakaamán, Cataviña, Camalú y Velicatá. Algunos topónimos de otras lenguas yumano-cochimíes fueron traducidos al español, como Arroyo de León (Baja California), cuyo nombre original en kiliwa es Chuwílo Nmi’ Tay (chuwílo= arroyo y nmi’ tay= gran gato o puma) usado sólo por los propios indígenas.

 

Toponimia española

La toponimia española consta básicamente de:

 

Castellanizaciones: Cuernavaca < náhuatl Cuauhnahuac, Churubusco < *Tzulupuchco < náhuatl Huitzilopochco, Orizaba < náhuatl Ahualizapan.

Hagionímicos: usados frecuentemente como prenombre del nombre indígena original: San Juan Teotihuacan, San Miguel Canoa, San Lorenzo Tezonco, Santa María Actopan, Santa Fe, Santiago, Ciudad del Carmen, etc.

Patronímicos: Hidalgo, Guerrero, Ciudad Juárez (antiguamente llamada Paso del Norte), Felipe Carrillo Puerto (antiguamente llamada Chan Santa Cruz), Puerto Morelos.

Topónimos reutilizados de localidades españolas: Zamora de Hidalgo, Córdoba, Puebla de Zaragoza, Guadalajara, Monterrey, Burgos, Madrid, Valladolid, Mérida, Reynosa, León, Victoria de Durango, Nuevo Laredo, Nuevo León, Villahermosa, Guadalupe, Guadalcazar, Linares, Salamanca.

Nombres comunes descriptivos, del mismo tipo que existen en España: La Venta, Saltillo, Ensenada, Montemorelos, Roca Partida, Rocas Alijos, El Carmen, La Heredad.

Toponimia híbrida

La toponimia híbrida consta básicamente de la unión de dos lenguas diferentes:

Hibridismos: usados frecuentemente a la unión de dos lenguas: Badiraguato, San Felipe Orizatlán, Munitepec, Mayapan, Zapotlanejo, Mexiquillo, etc.

Patronímicos: Hidalgotitlán (topónomo híbrido entre náhuatl y un nombre castellano).

Múltiples topónimos

Otras ciudades tuvieron múltiples toponimias en relación a las etnias que habitaron las regiones donde se encuentran dichas urbanizaciones. Estos topónimos perdieron jerarquía como fue avanzando la colonización de algún pueblo como en los siguientes casos:

Ciudad de México: Mondö en otomí, Bondo en mazahua, Ñuu Koy’o en mixteco y Tenochtitlan en náhuatl.

Toluca: Nzehñi en otomí, Zúmi en mazahua e Imbómáani en matlatzinca.

Santiago de Querétaro: Ndämaxei en otomí, K’erhiretarhu en purépecha y Tlachco en náhuatl

Hermosillo: Hezitmísoj en seri, Pitic en náhuatl y Hoomi en yaqui.

Puebla de Zaragoza: Cuetlaxcoapan en náhuatl, Ñuu Yuta Ndio’oan en mixteco, Ndema en otomí y Kilhpanachúchut en totonaco.

Oaxaca de Juárez: Ñuu Ñunduva en mixteco, La’a en zapoteco

Morelia: Anhangarhio en purépecha y Animaxe en mazahua.

Evolución de la toponimia

A través de la historia de México, las múltiples culturas y múltiples lenguas han quedado registradas en los topónimos del país. Se pueden distinguir cuatro fases o sustratos:

 

  1. a) La fase original. Los nombres están expresados en la lengua de origen de la zona, siendo siete las grandes familias lingüísticas. Ejemplos de esta fase son Chemax (en idioma maya: árbol de monos)?, Tomochi (en Tarahumara: Donde esta el piojo)?.
  2. b) La fase náhuatl. Si bien la mayoría de los topónimos de raíz náhuatl pertenecen a la fase original, otros fueron impuestos debido a la expansión de los mexicas antes de la Conquista de México, o la época inmediata posterior, cuando los tlaxcaltecas ayudaron en gran medida a la colonización española, el idioma náhuatl fue lingua franca. Ejemplos de topónimos náhuatl son Zihuateutla (en idioma náhuatl: lugar de la mujer diosa o gobernante)? o Cosamaloapan (en idioma náhuatl: en el agua del arco iris)?. Un ejemplo de topónimo náhuatl impuesto es Yoddzo Coo (en idioma mixteco: llanura de la serpiente)? que se conoce como Coixtlahuaca y cuyo significado sigue siendo el mismo (en idioma náhuatl: llanura de serpientes)?. Otro caso es el de Comitán (en idioma náhuatl: lugar de alfareros)? que se llamaba Balun Canán (en idioma maya: lugar de las nueve estrellas)?.
  3. c) La fase de la colonización española. Una gran variedad de nombres fueron aportados, las réplicas de sitios de España como León (Guanajuato) o Mérida (Yucatán), con orígen germánico como Burgos (Tamaulipas), árabe como Guadalajara (Jalisco), romano como Nuevo Laredo (en idioma latín: lauretum, ‘de laurel’)?. En esta época surgieron los topónimos mixtos, generalmente acompañados con el nombre de un santo, como San Pedro Quiatoni (en idioma zapoteco: piedra larga)? o el ejemplo antes citado de San Juan Bautista Coixltahuaca. Durante esa fase también hubo corrupciones como el caso de Cuernavaca (en idioma náhuatl: Cuauhnáhuac, ‘junto a los árboles’)? o Churubusco (en idioma náhuatl: Huitzilopochco, ‘colibrí zurdo o siniestro’)?.
  4. d) La fase de la independencia de México. Se cambiaron nombres a localidades en honor a los héroes de la independencia o de la revolución. Ejemplos de este caso son Ciudad Hidalgo (Michoacán) cuyo nombre era Taximaroa (idioma purépecha) o Ciudad Obregón cuyo nombre era Cajeme (idioma yaqui). Existen casos en que los topónimos están conformados por tres de las fases como San Cristóbal Ecatepec de Morelos o San Bartolo Naucalpan de Juárez.34

«Los nombres de lugar son un importante elemento en el contexto de la identidad nacional. Recorrer los nombres del escenario geográfico de México es ir “leyendo” no poco de su historia; cambiar o alterar, sin ton ni son la toponimia, es atentar contra la memoria histórica»

Toponimia de California

 

La Isla de California según mapa del siglo XVII.

California es el nombre que asignaron conquistadores españoles a una zona de América correspondiente a la península que hoy lleva ese mismo nombre y a una región ubicada al norte de ella.

Esa denominación se adoptó de un lugar imaginario mencionado en Las sergas de Esplandián, novela de caballerías de Garci Rodríguez de Montalvo, publicada en 1510. Aún se discute de dónde exactamente provino la idea de usar tal nombre a lo que en principio se creyó que era una isla y que se le llamó California. A la California que ahora forma parte de Estados Unidos se le denominó Alta California o Nueva California.

Las sergas de Esplandián[editar]

Artículo principal: Las sergas de Esplandián

En 1510, Garci Rodríguez de Montalvo escribió una novela de caballerías de tal renombre que fue muy popular en su época. Incluso aparece citada en El Quijote. En ella se menciona una isla de fantasía llamada exactamente California, gobernada por una reina llamada Calafia.

 

Desde entonces esa desconocida e inabordable Isla de las Amazonas pasaría a llamarse California. Por ello es factible que ésta fuera la fuente del nombre, dadas la cercanía cronológica de la publicación de la novela y su popularidad tras el descubrimiento de la península de California y la primera creencia de que ésta era una isla.

 

Sabed que a la diestra mano de las Indias existe una isla llamada California muy cerca de un costado del Paraíso Terrenal; y estaba poblada por mujeres negras, sin que existiera allí un hombre, pues vivían a la manera de las amazonas. Eran de bellos y robustos cuerpos, fogoso valor y gran fuerza. Su isla era la más fuerte de todo el mundo, con sus escarpados farallones y sus pétreas costas. Sus armas eran todas de oro y del mismo metal eran los arneses de las bestias salvajes que ellas acostumbraban domar para montarlas, porque en toda la isla no había otro metal que el oro.

Las sergas de Esplandián (novela de caballería).

Por Garci Rodríguez de Montalvo.

Publicada en Sevilla en 1510.

La isla de las amazonas[editar]

A partir de entonces se hizo muy popular la idea de una isla poblada sólo por mujeres, las amazonas, y se aplicó a diferentes lugares de la recién descubierta América. Cristóbal Colón, en su diario del primer viaje, incluye una leyenda semejante:

 

Dixéronle los indios que por aquella vía hallaría la isla de Matinino, que diz que era poblada de mujeres sin hombres, lo cual el almirante mucho quisiera por llevar diz que a los Reyes cinco o seis d’ellas.1

La isla legendaria, cuarta carta de relación de Hernán Cortés[editar]

En la cuarta carta de relación, fechada en México el 15 de octubre de 1524, dirigiéndose al rey Carlos I de España, Hernán Cortés escribe acerca de ciertas noticias relativas a una isla legendaria, novedades que le había traído el capitán Francisco Cortés de Buenaventura, un sobrino, quien había realizado la conquista de Colima.

 

Y así mismo me trajo relación de los señores de la provincia de Cihuatlán, que se afirman mucho de haber toda una isla poblada de mujeres, sin varón ninguno, y que en ciertos tiempos van de la tierra firme hombres que con ellas han acceso . . . . y si paren mujeres, las guardan; y si hombres, los echan de su compañía; y que esta isla está a diez jornadas de esta provincia; y que muchos dellos han ido allá y la han visto. Dícenme asimismo que es muy rica en perlas y oro; yo trabajaré en teniendo aparejo de saber la verdad y hacer de ello larga relación a vuestra majestad.2

Atribución del nombre

Las abandonadas tierras de la península finalmente recibieron el nombre de California, y Hernán Cortés pasó a la historia como su descubridor después que un burlón enemigo de Cortés, a quien un escritor de la época cita como Alarcón (quizá Fernando de Alarcón), en clara alusión a Las sergas de Esplandián, novela de caballerías en boga en esos años, en tono burlesco dio por nombrar a las inhóspitas tierras como California, para herir a Cortés por haber fracasado en el tercer viaje de exploración, cuando infructuosamente éste trató de establecer una colonia en la bahía que nombró Cortés de La Santa Cruz (en la actualidad la ciudad de La Paz), recién descubierta la península de Baja California, cuyas tierras le pertenecían, por Cédula Real.

Uso actual

Actualmente, con el nombre de California se conocen la península de Baja California, el Golfo de California y tres estados: California (hoy de Estados Unidos), Baja California y Baja California Sur.

 

Además, al Mar de Cortés, situado entre la península y el resto de México, se le conoce también como Mar Bermejo o Golfo de California.

 

Bibliografía Cortés, Hernán (1866). Pascual de Gayangos, ed. Cartas y relaciones al Emperador Carlos V. París: Imprenta Central de los Ferro-carriles.

Colón, Cristóbal (1892). Relaciones y cartas de Cristóbal Colón. Madrid: Librería de Hernandoy Cº.

El otro México. Biografía de Baja California, por Fernando Jordán. Editado por Conaculta.

Referencias

Volver arriba ↑ Cristóbal Colón, Relaciones y cartas de Cristóbal Colón, p. 154-155

Volver arriba ↑ Hernán Cortés, Pascual de Gayangos (ed.), Cartas y relaciones al Emperador Carlos V, pp. 288-289

Véase también

Origen de la palabra

California

…¿ Quién inventó esta palabra de agradable ritmo, que quizá existe desde hace 1 200 años?…

 

California es una palabra agradable al oído, casi musical y fácil de pronunciar, con características

muy particulares si se le compara con los nombres de los estados mexicanos, pues además de ser

junto con otras dos la palabra más larga en ese conjunto, es la que tiene el mayor número de letras

distintas, se trata de uno de los vocablos más antiguos entre los nombres de las entidades

nacionales; y su significado está rodeado de interesantes

leyendas.

El origen de la palabra se pierde en el tiempo, cuando

aparece en la Canción de Rolando o Hruodland1

, novela

épica con escenario en la Bretaña francesa del siglo VIII,

que se refiere a la derrota sufrida por la retaguardia del

ejército de Carlomagno a manos de los vascos en los

desfiladeros de los Montes Pirineos. En una parte del poema

se menciona un lugar llamdo “Califerne”2

,aunque sin

otorgarle mucha importancia, lo cierto es que el hallazgo de

la palabra fue hecho por Edward Everett Hale en 1862 en la

obra mencionada3

. Una de las primeras copias se escribió a

fines del siglo XII, y es probable que haya sido leída por

Cristóbal Colón, quien anotó en el diario de su primer viaje:

…Dijéronle los indios que por aquella tierra hallaría la isla

de Matinino, que dizque era poblada de mujeres sin

hombres…y que cierto tiempo del año venían los hombres a

ellas de la dicha isla del Caribe, que dizque estaba a diez o

doce leguas , y si parían niños enviábanlos a la isla de

los hombres y si niñas dejábanlas consigo…

En 1510 se publicó en España la novela de caballerías

“Las Sergas de Esplandián”,

cuyo probable autor, Garci Rodríguez de Montalvo,

la integró

como quinto libro a la obra Amadís de Gaula. En la primera parte del Amadís se menciona a

Calafia

, reina de las amazonas, que vivía en la isla California, muy rica en oro. Estas novelas de

aventuras heroicas, con cinco ediciones de 1510 a 1561, alcanzaron gran popularidad en la

sociedad de la época7

, y en su texto eran comunes las acciones de monstruos, gigantes y héroes

perfectos. En una parte de la novela dice: …Sabed que a la diestra mano de las Indias muy cerca

de aquella parte del Paraíso Terrenal hubo una isla llamada California….la cual fue poblada de

mujeres negras, sin que ningún hombre entre ellas hubiese, que casi como las amazonas era su

manera de vivir….la ínsula en sí, la más fuerte de rocas y bravas peñas que en el mundo se

hallaba, sus armas eran todas de oro….que en toda la isla no había otro metal alguno…. y

algunas veces que tenían paces con sus contrarios…. había ayuntamientos carnales, de donde se

seguía quedar muchas dellas preñadas, si parían hembra, guardábanla, y si parían varón luego

era muerto…..Es innegable que la tierra o islas descritas en La Canción de Rolando, en el diario

de Cristóbal Colón, y en las Sergas de Esplandián tienen las mismas características, y por lo tanto

se trata de la misma fantasía.

En 1523, Francisco Cortés de San Buenaventura, por órdenes de su primo Hernán Cortés, salió en

busca de la Mar del Sur, nombre que se daba entonces al Océano Pacífico; a su regreso, después

de haber estado en las costas de Colima, rindió el correspondiente informe al conquistador, quien,

en la Cuarta Carta de Relación fechada el 15 de octubre de 1524 dijo al emperador Carlos V:

….los señores de la provincia de Cihuatán se afirman mucho de haber una isla toda poblada de

mujeres sin varón alguno, y que en ciertos tiempos van de la tierra firme hombres con los cuales

han acceso, y las que quedan preñadas, si paren mujeres las guardan, y si hombres, los echan de

su compañía; y que esta isla está a diez jornadas de esta provincia y que muchos de ellos han ido

allá y la han visto. Dícenme que es muy rica de perlas y oro; yo trabajaré, en teniendo aparejo,

de saber la verdad y hacer de ello larga relación a Vuestra Majestad.8

.

Es posible que Cortés y su primo hayan leído Las Sergas de Esplandián o La Canción de

Rolando, dada la completa coincidencia en la descripción de la isla, pero además, pudieron haber

escuchado de los indios de la costa, narraciones sobre una isla en la que había perlas y oro en

bundancia; después de todo, ya los naturales del país habían aprendido que, la forma más rápida

de deshacerse de los españoles, era decirles que más adelante había tierras con grandes riquezas;

en este caso, casi es seguro que los indios de Colima recibieron, en alguna época, la visita

accidental de algunos californios, o inversamente, como lo informa Cortés a Carlos V, y así fue

cómo supieron de las perlas que usaban de adorno los aborígenes californios.

Agregado a lo anterior, los expedicionarios encabezados por Francisco Cortés quizá escucharon el

mito religioso de los aztecas, en el que se habla de un lugar rumbo al poniente, hacia donde el Sol

se esconde, habitado por las almas de mujeres transformadas en diosas por haber muerto en su

primer parto9

.

Combinados la fantasía novelesca medieval, los mitos indígenas, la ambición y los deseos de

impresionar favorablemente al emperador, forjaron en la mente de Cortés y demás aventureros

que se adentraron por el Mar

del Sur, la imagen de una isla

rica en perlas y oro que

deberían conquistar, la cual,

con el paso del tiempo, sería

llamada California.

Sin embargo, Cortés nunca le

dio ese nombre a la península10,

pues al desembarcar en La Paz

el tres de mayo de 1535,

bautizó el lugar como Bahía de

la Santa Cruz.

Lo que sí es probable es que, al

regreso de los viajes que se

hicieron desde 1533 a la

península, los marineros hayan

empezado a emplear la palabra

California para nombrar las

cosas y tierras cuya exploración

se iniciaba11; quizá en forma de

burla o ironía, pues la desnudez

de sus montañas, la aridez

general de la tierra casi siempre

desértica, y la ausencia ya no se

diga de ciudades sino de

modestas aldeas, contrastaban

con la supuesta abundancia

de oro en la fabulosa isla12, lo

cierto es que para 1540, la palabra

ya era de uso común.

La Califerne de La Canción de

Rolando, es, pues, la primera expresión escrita del antiguo vocablo, aunque su origen se pierde en

el pasado, ya que se ignora de dónde sacó la misteriosa palabra el autor anónimo del poema.

En este mapa hecho en 1656 por un cartógrafo francés, se

muestra a California como una isla.

Mapa No. 5

Origen de la palabra California

Enciclopedia Británica, 1961, tomo 19, p. 3

 

 

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